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Ugalde

No todo el mundo puede presumir de tener una novela y un libro de poemas con sendos prólogos de Juan Marsé y Jaime Gil de Biedma. El abogado y escritor Pedro Ugalde (Barcelona, 1946) puede hacerlo, pero no lo hace.
En Los años contados (2008), el recientemente fallecido José Luis Giménez Frontín se refiere a Ugalde al hablar de la revista Hora de Poesía, de cuyo inicial comité de redacción ambos formaron parte, y dice: "... parecía empeñado en mantener su abultada obra fuera de todos los circuitos editoriales al uso". (Por cierto que este Ugalde del que estoy hablando es el mismo que, mal nombrado -J. Luis Ugalde-, aparece como testigo involuntario de una vodevilesca escena descrita por Miguel Dalmau en la biografía Jaime Gil de Biedma).
Ciertamente, Ugalde es uno de los escritores mas "secretos" y de mayor talento de su generación, pues la mayoría de su obra en verso y en prosa, ha sido autopublicada en ediciones de pequeña tirada que solo hemos podido paladear unos pocos amigos suyos. Lo mismo sucede con sus traducciones poéticas (Valéry, Vigny, Shelley, Browning, Pound), a excepción de Endymion de Keats y el Don Juan de Byron.
En el prólogo a su novela La segunda vida (1980) Marsé dice que esta "inquietante, sombría novela... es el resultado de una narración de aliento poético que ha sabido respetar las sombras y las luces de la amarga noche original, la ambigüedad y, a menudo, el misterio de una existencia singularmente azarosa y las premoniciones y desvalimientos de un corazón herido, todo eso, en fin, que permite a la imaginación poética restablecer una lógica más coherente que la de la realidad".
En prosa tiene tiene Ugalde Un autorretrato (1979), 16 fragmentos (1982) y Obra póstuma (1983). Como poeta es autor, entre otros, de La edad de oro (1976), El libro de Jennifer (1978), Norte magnético (1979, con prólogo de Jaime Gil de Biedma) y Un Donatello entre fieras (1980). La mayor parte de su poesía está reunida en Mikrokosmos (Lentini Editor, 1987).
La edad de oro es, en mi opinión, uno de los mejores libros de poemas de los años setenta del pasado siglo. A pesar de ser una edición del autor, José María Guelbenzu le dedicó media página de El País (11-06-1978). Eran otros tiempos. En su reseña Guelbenzu resalta la coherencia de sus poemas con el "arte poética" que abre el libro, y en la que, entre otras cosas, se afirma: "Supongo el fin de la poesía en un confín ideal, en el conocimiento por el verbo. Más allá solo hay la utopía del silencio, la pureza misma. Por la palabra y sólo en ella sabe el hombre el mundo en que está, quién es. El afán absoluto de la poesía es el silencio".

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