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Pablo Silenciario

En ningún edificio del mundo brilla con tanto esplendor el verde antico como en la majestuosa Santa Sofía de Estambul. Verde antico es el nombre dado por los marmolistas italianos medievales a una brecha o conglomerado con fragmentos de mármol, serpentinita y esquisto en una matriz de serpentina y calcita. Los romanos lo denominaron marmor Atracium o marmor Thesalonicum, porque originalmente se extraía de las canteras de Atrax, en la Tesalia. No debe confundirse con otra roca decorativa, el pórfido verde antico, que era una roca ígnea, concretamente una andesita porfídica alterada, procedente de la antigua Lacedemonia.
Nada menos que 48 columnas de este vistoso mármol, de 17 metros de altura, decoran el interior de Santa Sofía. Pablo Silenciario, poeta y dignatario de la corte de Constantinopla en el siglo VI, nos ha dejado en su poema Descripción del templo de Santa Sofía un pormenorizado catálogo de las diferentes rocas ornamentales utilizadas en su construcción. Es tradición que el poema, escrito en trímetros y hexámetros, fue recitado en la Navidad de 562, con ocasión de la reconsagración del templo tras el derrumbe de la cúpula y su posterior restauración. Sobre el verde antico dice Pablo Silenciario:

(...) lo que la región de Atrax produce, no es de alguna
cañada de los altiplanos, sino del nivel de la llanura: ora es de vivo verde
que no difiere del verde esmeralda, ora de un verde más oscuro, casi azul.
Tienen partes que se asemejan a la nieve junto a negros los destellos,
de manera que en la roca se mezclan varias bellezas.

Lamentablemente, con la toma de Constantinopla y la conversión de la iglesia en mezquita, la información sobre la procedencia de las piedras polícromas se perdió. Nos quedan, eso sí, los versos bizantinos de Silenciario.

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-Perdona, Schiavón, estaba pensando en voz alta.
-No, si por mí, puedes seguir.
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-¿...?
-Es que yo entiendo que la literatura -y creo que todo es literatura- se nutre de tres componentes que, por orden de importancia, son: la retórica, la sensibilidad y la inteligencia.
-Desmenuza, por favor.
-Entiendo por retórica el dominio del lenguaje; por sensibiliodad, la capacidad de sorprenderse y fabular; por inteligencia el saber ordenar lo escrito.
-Arnaldo..., me da la sensación de que todos los que habláis de literatura decís excactamente lo mismo.
-Siempre se dice lo mismo.
-Entonces, ¿por qué estamos perdiendo el tiempo?
-Tú no ganas ni pierdes el tiempo.
-Bueno, era una forma de expresarme.
-Exactamente..., como todo. La literatura es el catálogo de las formas de expresarse.
-Luego... ¿todas las obras dicen lo mismo?
-Se diferencian en el número de palabras que necesitan para decirlo y en el orden que se establece entre ellas.