Ir al contenido principal

Beddoes Jr.

El relato que abre las 5 narraciones y 2 fábulas de Juan Benet se titula "TLB". Este enigmático título - "capricho críptico", Gonzalo Sobejano dixit- fue desvelado por Francisco García Pérez en su tesis doctoral Una meditación crítica sobre Juan Benet (Universidad de Oviedo, 1994). Las enigmáticas siglas corresponden a las inciales de Thomas Lovell Beddoes (1803-1849), excéntrico médico y escritor, hijo del Dr. Thomas Beddoes, geólogo diletante.
En vida escribió Beddoes Jr. la narración en verso The Improvisatore (1821) y algunas obras dramáticas. Su conjunto de poemas más importante es Death's Jest-Book, or the Fool's Tragedy, en la que volcó todas sus obsesiones y preferencias por lo macabro y lo sobrenatural. La obra fue publicada póstumamente en 1850, un año después de suicidarse con curare en Basilea.
En uno de sus poemas cortos, titulado "Una ciudad subterránea", imagina Beddoes una caverna con esqueletos fosilizados de antiguos animales. El poema empieza:

Una vez seguí a una rauda y enorme serpiente
Al interior de una cueva en la falda de una montaña

Una vez dentro descubre las ruinas de una ciudad

Construida no como las nuestras sino de otro mundo
Como si la envejecida tierra hubiese amado en su juventud
La más poderosa ciudad de un planeta perecido

Surge luego la visión de

El mamut, abovedado como una catedral arqueada
Yacía allí, y ruinas de grandes criaturas también (...)
Y rocas vegetales, altas palmeras esculpidas,
Crecidos pinos, no tallados, en piedra; y helechos gigantes
Cuyas hojas sacudidas por temblores soportan tumbas por nidos.

Es muy posible que cuando Beddoes escribió este poema tuviera en mente el libro Reliquiae Diluvianae, or Observation on the Organic remains contained in Caves, Fissures and Diluvial Gravel (1823), del no menos excéntrico reverendo William Buckland, profesor de Mineralogía y Geología en la universidad de Oxford. En el libro se describen los hallazgos realizados en cuevas inglesas de restos fósiles de animales del Cuaternario que, según el autor y de acuerdo con las Sagradas Escrituras, desaparecieron a consecuencia del Diluvio Universal.

Comentarios

Entradas populares

Un milagro de san Salvador de Horta

"Dos casados vizcaínos traxeron desde aquel reino a Horta una hija, que era sorda y muda de nacimiento; y poniéndola a los pies del venerable Fray Salvador, les dixo que estuviesen ocho días en la Iglesia orando a Nuestra Señora, y que después hablaría la muchacha. Pasados quatro días habló, pero en lengua catalana, conformándose con el idioma del territorio en que estaba. Entonces viendo hablar a la muda gritaron todos: Milagro, milagro. Pero sus padres como no entendían aquella lengua estaban descontentos, y levantando la voz decían que ellos no querían, ni pedían, que hablase su hija lengua catalana, sino vizcaína; y fueron a Fray Salvador, que le quitase la lengua catalana y le diese la vizcaína. Él les respondió: Vosotros proseguid la oración de los ocho días, que yo también continuaré la mía. Y cumplidos los ocho días, delante de los muchos que concurrieron a ver la novedad, dixo: Amigo, la Virgen Santísima quiere que la niña hable catalán mientras esté en el reino de Catal…

Exigencias

"No exija nada si no está seguro de poder respaldarlo".

(Randolph Scott en Carson City, 1952, de André De Toth. Guion de Sloan Nibley y Winston Miller).

Kerouac

Ayer se cumplieron cincuenta años de la muerte del escritor norteamericano Jack Kerouac, la gran estrella del firmamento beat. De hecho, el comienzo de la llamada "generación beat" puede datarse en 1957, al amparo de la publicación de su novela En la carretera y el lanzamiento del Sputnik por la Unión Soviética (de aquí la palabra beatnik que a partir de entonces definiría a los jóvenes rebeldes y disidentes culturales).
Se diría que el éxito mató a la generación beat prácticamente desde su inicio. De la noche a la mañana aspirantes a escritores considerados impublicables ocuparon las páginas de las revistas, fueron entrevistados en la radio e incluso salieron en televisión. El fenómeno fue fulgurante, pero duró poco. La cosecha fue escasa, pero auténtica. Sobre todo hubo poetas, muchos poetas. Narradores pocos, y que hayan quedado todavía menos: solo Kerouac y su mentor William S. Burroughs, aunque en rigor el autor de El almuerzo desnudo no pertenece a la misma "gene…