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Pellucidar

Si el capitán Seabourn en vez de buscar la entrada a la tierra hueca por el polo Sur hubiese intentado la del polo Norte, se hubiese encontrado no con Symzonia sino con los desolados páramos de Korsar, región perteneciente al continente subterráneo de Pellucidar.
Pellucidar tiene su propio sol, una esfera fija que irradia desde el centro de la tierra. No hay noche, excepto en el territorio de la Horrible Sombra, en donde reina la oscuridad. En consecuencia, el tiempo en Pellucidar es laxo y difícil de calcular. La unidad de tiempo empleada es el "sueño". Muchos sueños son muchos años.
En Pellucidar hay varias regiones con características propias -Thuria, Sari, Kali, Amoz...- y un pequeño archipiélago, las Islas Inamistosas. El continente está habitado por un buen número de tribus y razas, no habiendo la mayoría de ellas superado el nivel de la Edad de Bronce. La mayoría de pellucidarianos vive en cuevas y balmas. Hay caníbales en Azar y mujeres guerreras en Oog. Su lenguaje es primitivo, simiesco. En general son hostiles a los humanos.
La geología de Pellucidar está por explorar. En cuanto a la fauna, dominan los grandes carnívoros prehistóricos: pterodáctilos, dinosaurios, leones de las cavernas... También hay mamuts y alces gigantes. El lidi es un diplodoco usado como bestia de carga por los thurianos. El animal más peligroso es el mahar, inteligente reptil volador que se comunica por telepatía y es capaz de contar su historia con jeroglíficos.
Edgar Rice Burroughs (1875-1950), el creador de Tarzán, dio por primera vez noticia de Pellucidar en En el centro de la Tierra (1922). Luego vendría una serie de ocho novelas, la última publicada en 1963, ambientadas en este mundo subterráneo, extraño e inquietante de Pellucidar.

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Entradas populares

Un poema de Iglesias Díez

FINAL

Cuando el amor solo sea
un haz de quebradas luces,
entre tus dedos seguiré siendo
ceniza de Luna.

(Carlos Iglesias Díez, Pájaro herido. Bajamar Editores, 2018).

Nadie acaba como empieza

Harold J. Stone: Recuerda que las personas cambian.
Don Murray: ¿Por qué?
Harold J. Stone: Los hombres, las mujeres, los juegos de cartas, los amigos en quien confías... Todos. Nadie acaba como empieza.

(Duelo en el barro, 1959, de Richard Fleischer. Guion de Alfred Hayes y A. B. Guthrie).

Un poema de Pizarnik

OJOS PRIMITIVOS

     En donde el miedo no cuenta cuentos y poemas, no forma figuras de terror y de gloria.

     Vacío gris es mi nombre, mi pronombre.

     Conozco la gama de los miedos y ese comenzar a cantar despacito en el desfiladero que reconduce hacia mi desconocida que soy, mi emigrante de sí.

     Escribo contra el miedo. Contra el viento con garras que se aloja en mi respiración.

     Y cuando por la mañana temes encontrarte muerta (y que no haya más imágenes): el silencio de la comprensión, el silencio del mero estar, en esto se van los años, en esto se fue la bella alegría animal.

(Alejandra Pizarnik, Nombres y figuras, Picazo, Barcelona, 1969).