Ir al contenido principal

Un poema de Karl Shapiro

TREN DE TROPAS

A nuestro paso la ciudad se detiene. Los obreros
Levantan sus brazos engrasados y nos saludan y sonríen.
Los chicos gritan como en el circo. Los hombres de negocios
Nos miran esperanzados y prosiguen su mesurado paso.
Y hay mujeres de pie en la puerta estupefacta de sus casas
Que se mueven más suavemente y parecen pedir nuestro regreso,
Como si una lágrima que cegara el curso de la guerra
Pudiera disolver de una vez nuestro acero en su dulce deseo.

Fruto del mundo, ay, todos arracimados
Colgamos como de una cornucopia
En total camaradería, con las caras amontonadas
Para rociar la ciudad con silbidos y miradas lascivas.
Una botella se rompe en los postes
Y unos ojos se fijan en la rosa sonriente de una dama,
Extendidos como una goma y restallan y pican
La boca deseosa del sorbo de un beso.

Y a través de horribles continentes y días,
Nos arrastramos decididos, sucios y ligeramente bebidos,
Los buenos malos chicos de circunstancias y azar,
Cuyos cascos como cubos golpean la pared desnuda
Donde se retuercen los cadáveres de nuestros petates
Al lado de los fusiles que solo a ellos mismos se parecen.
Y la distancia como una correa ajustada que se encoge,
Aprieta el hombro y lo mantiene firme.

Aquí hay un mazo de cartas; tú que repartes,
Dame suerte, una pareja de toros,
La suerte del novato, el valet.
Diamantes y corazones son rojos, pero las espadas son negras,
Y espadas son espadas y bastos son tréboles –negros.
Pero sácame triunfos, recuerdos de paz.
Esto pide razón y aritmética,
Que la suerte también viaje y no todos regresen.

Los trenes llevan a los barcos y los barcos a la muerte o
a los trenes,
Y los trenes a la muerte o a los camiones, y los camiones
a la muerte,
O llevan los camiones a la marcha, la marcha a la muerte,
O a la supervivencia que es nuestra única esperanza;
Y la muerte nos devuelve a los camiones y a los trenes y
a los barcos,
Pero la vida lleva a la marcha, ¡oh bandera!, por fin
El lugar de la vida hallado tras los trenes y la muerte
-Brillante anochecer de las naciones después de la guerra.

("Troop Train" está incluido en V-Letter and Other Poems, 1944
Traducción: J.O.)

Comentarios

  1. "con las caras amontonadas para rociar la ciudad con silbidos y miradas lascivas".
    La tercera estrofa me ha gustado mucho:
    "Y a través de horribles continentes y días, nos arrastramos decididos, sucios y ligeramente bebidos, los buenos malos chicos de circunstancias y azar, cuyos cascos como cubos golpean la pared desnuda..."

    ResponderEliminar
  2. Este y otros poemas los escribió Shapiro con veinte años, en la II Guerra Mundial, mientras estaba destinado en Nueva Guinea. No está nada mal, la verdad.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares

Un poema de Iglesias Díez

FINAL

Cuando el amor solo sea
un haz de quebradas luces,
entre tus dedos seguiré siendo
ceniza de Luna.

(Carlos Iglesias Díez, Pájaro herido. Bajamar Editores, 2018).

Nadie acaba como empieza

Harold J. Stone: Recuerda que las personas cambian.
Don Murray: ¿Por qué?
Harold J. Stone: Los hombres, las mujeres, los juegos de cartas, los amigos en quien confías... Todos. Nadie acaba como empieza.

(Duelo en el barro, 1959, de Richard Fleischer. Guion de Alfred Hayes y A. B. Guthrie).

Un poema de Pizarnik

OJOS PRIMITIVOS

     En donde el miedo no cuenta cuentos y poemas, no forma figuras de terror y de gloria.

     Vacío gris es mi nombre, mi pronombre.

     Conozco la gama de los miedos y ese comenzar a cantar despacito en el desfiladero que reconduce hacia mi desconocida que soy, mi emigrante de sí.

     Escribo contra el miedo. Contra el viento con garras que se aloja en mi respiración.

     Y cuando por la mañana temes encontrarte muerta (y que no haya más imágenes): el silencio de la comprensión, el silencio del mero estar, en esto se van los años, en esto se fue la bella alegría animal.

(Alejandra Pizarnik, Nombres y figuras, Picazo, Barcelona, 1969).