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Mediterráneo

En el fascinante ensayo Breviario mediterráneo, del escritor croata Predrag Matvejevic, hay referencias a los mapas geológicos de la cuenca mediterránea, a las unidades geoestructurales que la constituyen y, en especial, a las rocas utilizadas de antiguo como piedras de construcción.
“Los constructores de pueblos y puertos, carreteras y monumentos, se han preocupado de la piedra, de cómo adquirirla, del transporte, del uso. La costa de nuestro mar conoce todos los tipos de piedra; por importancia ésta va inmediatamente detrás del mar. Se distingue por su antigüedad, resistencia, belleza. El mármol, el pórfido, el granito y el basalto son raros y más apreciados. Las calizas o las pizarras, como el yeso y la brecha, el travertino, la toba o la arenisca, están por todas partes en el karst, en montones o en lanchas, enteras o desmenuzadas, blancas, grises, amarillas.” (Por cierto: la palabra “lancha”, sinónimo de laja o lámina, se define –RAE- como “piedra más bien grande, naturalmente lisa, plana y de poco grueso.” También se llama así a una pequeña embarcación o bote. En el Mediterráneo las palabras van de la tierra al mar, y viceversa.)
Cita Matvejevic en el libro algunas piedras (lapis) famosas: mármoles de Paros, del Pentelikon, de Naxos, de Himeto, de Prokones, de Eumea, de Quíos, de Carrara, lacedemonio, numidio, frigio; granitos rosados de Asuán y Luxor, basalto de Etiopía, pórfido de Tesalia y del Peloponeso y el purpúreo de Yebel Dokan, en Egipto; travertino de Tívoli, piedra blanca de Istria, piedras dálmatas de Brac y de Korcula, gabro de Jablanica…
Y concluye: “En el Mediterráneo, evidentemente, se pasa con facilidad del mapa geológico al geográfico, del geográfico al histórico y del histórico a la propia historia.” Así fue y así será.

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Cuando se apaga la luz

"Ningún hombre es listo cuando una mujer apaga la luz".

(Barry Sullivan en Mujer inteligente, 1948, de Edward A. Blatt. Guion de Alvah Bessie y otros).

Diálogo entre un tirano y un poeta en torno a la literatura

-Bueno, a ver, ¿qué haces?
-Perdona, Schiavón, estaba pensando en voz alta.
-No, si por mí, puedes seguir.
-Le daba vueltas a la retórica.
-¿...?
-Es que yo entiendo que la literatura -y creo que todo es literatura- se nutre de tres componentes que, por orden de importancia, son: la retórica, la sensibilidad y la inteligencia.
-Desmenuza, por favor.
-Entiendo por retórica el dominio del lenguaje; por sensibiliodad, la capacidad de sorprenderse y fabular; por inteligencia el saber ordenar lo escrito.
-Arnaldo..., me da la sensación de que todos los que habláis de literatura decís excactamente lo mismo.
-Siempre se dice lo mismo.
-Entonces, ¿por qué estamos perdiendo el tiempo?
-Tú no ganas ni pierdes el tiempo.
-Bueno, era una forma de expresarme.
-Exactamente..., como todo. La literatura es el catálogo de las formas de expresarse.
-Luego... ¿todas las obras dicen lo mismo?
-Se diferencian en el número de palabras que necesitan para decirlo y en el orden que se establece entre ellas.

Incierta Fritillaria

La historia de la Fritillaria en Gran Bretaña es igualmnente incierta. Es seguro que se cultivaba allí en 1597, y posiblemente hacia 1578 (en realidad los nombrs de esta planta no se fijaron tan pronto, y a veces no está claro de qué planta se habla). Por otro lado, el primer registro de la planta en el mundo natural data de 1736, y hasta eso es anómalo, nadie afirma haber vuelto a verla hasta 1776, una fecha muy tardía para una nativa británica auténtica, sobre todo para una tan llamativa, inconfundible y atractiva. En otras palabras, quien considere nativa la Fritillaria deberá reconocer que las distintas generaciones de botánicos de los siglos XVII y XVIII se pusieron de acuerdo para no mencionarla en absoluto, una confabuilación solo comparable a la de la NASA cuando simuló los aterrizajes de estadounidenses en la Luna, supuestamente en los días que les quedaban libres en la tarea de vigilar los artefactos alienígenas de Roswell.

(Ken Thompson, ¿De dónde son los camellos? Creencia…