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Mediterráneo

En el fascinante ensayo Breviario mediterráneo, del escritor croata Predrag Matvejevic, hay referencias a los mapas geológicos de la cuenca mediterránea, a las unidades geoestructurales que la constituyen y, en especial, a las rocas utilizadas de antiguo como piedras de construcción.
“Los constructores de pueblos y puertos, carreteras y monumentos, se han preocupado de la piedra, de cómo adquirirla, del transporte, del uso. La costa de nuestro mar conoce todos los tipos de piedra; por importancia ésta va inmediatamente detrás del mar. Se distingue por su antigüedad, resistencia, belleza. El mármol, el pórfido, el granito y el basalto son raros y más apreciados. Las calizas o las pizarras, como el yeso y la brecha, el travertino, la toba o la arenisca, están por todas partes en el karst, en montones o en lanchas, enteras o desmenuzadas, blancas, grises, amarillas.” (Por cierto: la palabra “lancha”, sinónimo de laja o lámina, se define –RAE- como “piedra más bien grande, naturalmente lisa, plana y de poco grueso.” También se llama así a una pequeña embarcación o bote. En el Mediterráneo las palabras van de la tierra al mar, y viceversa.)
Cita Matvejevic en el libro algunas piedras (lapis) famosas: mármoles de Paros, del Pentelikon, de Naxos, de Himeto, de Prokones, de Eumea, de Quíos, de Carrara, lacedemonio, numidio, frigio; granitos rosados de Asuán y Luxor, basalto de Etiopía, pórfido de Tesalia y del Peloponeso y el purpúreo de Yebel Dokan, en Egipto; travertino de Tívoli, piedra blanca de Istria, piedras dálmatas de Brac y de Korcula, gabro de Jablanica…
Y concluye: “En el Mediterráneo, evidentemente, se pasa con facilidad del mapa geológico al geográfico, del geográfico al histórico y del histórico a la propia historia.” Así fue y así será.

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Un poema de Pizarnik

OJOS PRIMITIVOS

     En donde el miedo no cuenta cuentos y poemas, no forma figuras de terror y de gloria.

     Vacío gris es mi nombre, mi pronombre.

     Conozco la gama de los miedos y ese comenzar a cantar despacito en el desfiladero que reconduce hacia mi desconocida que soy, mi emigrante de sí.

     Escribo contra el miedo. Contra el viento con garras que se aloja en mi respiración.

     Y cuando por la mañana temes encontrarte muerta (y que no haya más imágenes): el silencio de la comprensión, el silencio del mero estar, en esto se van los años, en esto se fue la bella alegría animal.

(Alejandra Pizarnik, Nombres y figuras, Picazo, Barcelona, 1969).

Nadie acaba como empieza

Harold J. Stone: Recuerda que las personas cambian.
Don Murray: ¿Por qué?
Harold J. Stone: Los hombres, las mujeres, los juegos de cartas, los amigos en quien confías... Todos. Nadie acaba como empieza.

(Duelo en el barro, 1959, de Richard Fleischer. Guion de Alfred Hayes y A. B. Guthrie).

Un poema de Iglesias Díez

FINAL

Cuando el amor solo sea
un haz de quebradas luces,
entre tus dedos seguiré siendo
ceniza de Luna.

(Carlos Iglesias Díez, Pájaro herido. Bajamar Editores, 2018).