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Mundos perdidos

Sir Arthur Conan Doyle no solo ha pasado a la historia de la literatura por haber creado a Sherlock Holmes, el más famoso detective de ficción, sino porque con El mundo perdido (1912) inauguró una nueva variante de novela de aventuras: la de exploración de remotos territorios donde aún habitan animales supervivientes de antiguas épocas geológicas.
El mundo perdido narra la rivalidad y los conflictos planteados entre dos científicos, el aguerrido profesor Challenger y el más cauto y remilgado profesor Summerlee, antes y durante una expedición a la espesa selva amazónica. Allí, en una inaccesible meseta o plateau encontrarán animales que creían extinguidos -iguanodontes, estegosaurios, pterodáctilos-conviviendo con una raza de homínidos.
Conan Doyle se sentía atraído por la paleontología, en especial por los dinosaurios. Cerca de su casa de Sussex había descubierto unas icnitas o huellas fósiles, pertenecientes al género Iguanodon. Con este motivo se carteó con el especialista del Museo Británico Arthur Smith Woodward. También solía leer libros sobre el tema, como Extinct Animals (1905) del zoólogo Edward Ray Lankester (que es citado en la novela), o la monografía sobre reptiles voladores Dragons of the Air (1901) de Harry Grovier Seeley, que sin duda le ayudaron a recrear la fauna mesozoica del mundo perdido.
La influencia de la obra de Conan Doyle en el campo de la ficción literaria es manifiesta –véase, por ejemplo, la fantaciencia El planeta de los dinosaurios (1978) de Anne McCaffrey, o Parque Jurásico (1990) de Michael Crichton- sino que ha trascendido a otros medios, como el comic y el cine. Para José Luis Sanz, en su recomendable libro Mitología de los dinosaurios, los descubrimientos de un mundo perdido como el que nos describe Conan Doyle están en la base de los ensoñadores deseos de muchos paleontólogos. Y no solo paleontólogos, añadiría yo.

Comentarios

  1. ¿Has leído 'Arthur and George' de Julian Barnes? Es magnífica. Arthur es Arthur Conan Doyle.

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  2. No la he leído, pero varios amigos me han hablado muy bien de ella. Así que la tengo en lista de espera.

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FINAL

Cuando el amor solo sea
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entre tus dedos seguiré siendo
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Don Murray: ¿Por qué?
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(Alejandra Pizarnik, Nombres y figuras, Picazo, Barcelona, 1969).