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Alegato

A sus 92 años el neoyorquino Stanley Kauffmann sigue escribiendo en la revista The New Republic desde hace medio siglo. Reconocido autor dramático, narrador y crítico de cine y teatro, Kauffmann estuvo en el ojo del huracán a raíz de la publicación de su novela The Tightrope (1952), conocida en Gran Bretaña con el título de The Philanderer.
La novela cuenta la historia de un joven bien parecido, casado y creativo en una empresa de publicidad de Nueva York, que se ve abocado a múltiples infidelidades debido a su compulsiva atracción por las mujeres, incluida la esposa de su jefe. Lo que caracteriza a esta novela de otras en las que también el protagonista es un impenitente mujeriego, es lo explícito, para la época, de sus escenas de sexo.
En 1954 The Philanderer fue objeto de una acción judicial en el Old Bailey de Londres bajo el cargo de libelo obsceno. La edición Penguin (1957) de la novela incorpora a modo de apéndice el alegato que, por parte de la defensa, hizo Mr. Justice Stable. Hacia el final del mismo Mr. Stable, dirigiéndose a un jurado formado por nueve hombres y tres mujeres, dijo:
“Miembros del jurado, casi he terminado. Déjenme decirles esto: desde los primeros tiempos, cuando la gente aprendió a escribir (…) la literatura del mundo representa la suma total del pensamiento humano, a través de las eras y de todas las variadas civilizaciones que el peregrinaje del hombre ha atravesado.” Los editores fueron absueltos.

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Entradas populares

Un poema de Iglesias Díez

FINAL

Cuando el amor solo sea
un haz de quebradas luces,
entre tus dedos seguiré siendo
ceniza de Luna.

(Carlos Iglesias Díez, Pájaro herido. Bajamar Editores, 2018).

Nadie acaba como empieza

Harold J. Stone: Recuerda que las personas cambian.
Don Murray: ¿Por qué?
Harold J. Stone: Los hombres, las mujeres, los juegos de cartas, los amigos en quien confías... Todos. Nadie acaba como empieza.

(Duelo en el barro, 1959, de Richard Fleischer. Guion de Alfred Hayes y A. B. Guthrie).

Un poema de Pizarnik

OJOS PRIMITIVOS

     En donde el miedo no cuenta cuentos y poemas, no forma figuras de terror y de gloria.

     Vacío gris es mi nombre, mi pronombre.

     Conozco la gama de los miedos y ese comenzar a cantar despacito en el desfiladero que reconduce hacia mi desconocida que soy, mi emigrante de sí.

     Escribo contra el miedo. Contra el viento con garras que se aloja en mi respiración.

     Y cuando por la mañana temes encontrarte muerta (y que no haya más imágenes): el silencio de la comprensión, el silencio del mero estar, en esto se van los años, en esto se fue la bella alegría animal.

(Alejandra Pizarnik, Nombres y figuras, Picazo, Barcelona, 1969).