Ir al contenido principal

Alegato

A sus 92 años el neoyorquino Stanley Kauffmann sigue escribiendo en la revista The New Republic desde hace medio siglo. Reconocido autor dramático, narrador y crítico de cine y teatro, Kauffmann estuvo en el ojo del huracán a raíz de la publicación de su novela The Tightrope (1952), conocida en Gran Bretaña con el título de The Philanderer.
La novela cuenta la historia de un joven bien parecido, casado y creativo en una empresa de publicidad de Nueva York, que se ve abocado a múltiples infidelidades debido a su compulsiva atracción por las mujeres, incluida la esposa de su jefe. Lo que caracteriza a esta novela de otras en las que también el protagonista es un impenitente mujeriego, es lo explícito, para la época, de sus escenas de sexo.
En 1954 The Philanderer fue objeto de una acción judicial en el Old Bailey de Londres bajo el cargo de libelo obsceno. La edición Penguin (1957) de la novela incorpora a modo de apéndice el alegato que, por parte de la defensa, hizo Mr. Justice Stable. Hacia el final del mismo Mr. Stable, dirigiéndose a un jurado formado por nueve hombres y tres mujeres, dijo:
“Miembros del jurado, casi he terminado. Déjenme decirles esto: desde los primeros tiempos, cuando la gente aprendió a escribir (…) la literatura del mundo representa la suma total del pensamiento humano, a través de las eras y de todas las variadas civilizaciones que el peregrinaje del hombre ha atravesado.” Los editores fueron absueltos.

Comentarios

Entradas populares

Un poema de Raine

    DE MUJER A AMANTE Soy fuego encalmado en agua, una ola que se eleva del abismo. En mis venas la marea atraída por la luna se alza en un árbol de flores esparcidas en espuma de mar.  Soy aire atrapado en una red, el pájaro profético que canta en un cielo reflejado. Soy un sueño antes de la nada, soy una corona de estrellas, soy la forma de morir.   (Kathleen Raine,  Collected Poems 1935-1980 , Allen & Unwin, 1981. Traducción: J.O.)  (Nota: Este blog, como viene siendo habitual en verano, se toma un descanso de aproximadamente un mes. Que pasen un buen y saludable verano.)  

Un milagro de san Salvador de Horta

"Dos casados vizcaínos traxeron desde aquel reino a Horta una hija, que era sorda y muda de nacimiento; y poniéndola a los pies del venerable Fray Salvador, les dixo que estuviesen ocho días en la Iglesia orando a Nuestra Señora, y que después hablaría la muchacha. Pasados quatro días habló, pero en lengua catalana, conformándose con el idioma del territorio en que estaba. Entonces viendo hablar a la muda gritaron todos: Milagro , milagro . Pero sus padres como no entendían aquella lengua estaban descontentos, y levantando la voz decían que ellos no querían, ni pedían, que hablase su hija lengua catalana, sino vizcaína; y fueron a Fray Salvador, que le quitase la lengua catalana y le diese la vizcaína. Él les respondió: Vosotros proseguid la oración de los ocho días, que yo también continuaré la mía . Y cumplidos los ocho días, delante de los muchos que concurrieron a ver la novedad, dixo: Amigo, la Virgen Santísima quiere que la niña hable catalán mientras esté en el reino de Cat

Como un río de corriente oscura y crecida

  Era un panorama extraño. En Barcelona, la habitual multitud nocturna paseaba Rambla abajo entre controles de policía regularmente repartidos, y la habitual bomba que explotaba en algún edificio inacabado (a causa de la huelga de los obreros de la construcción) parecía arrojar desde las calles laterales perqueñas riadas de gente nerviosa a la Rambla. Los carteristas, apaches, sospechosos vendedores ambulantes y relucientes mujeres que normalmente pueden verse en las callejuelas se infiltraban entre las buenas familias burguesas, las brigadas de obreros de rostro endurecido, las tropillas de estudiantes y jóvenes que deambulaban por la ciudad. La multitud se desparramaba lentamente por la Rambla, como un río de corriente oscura y crecida. Apareció un ejército de detectives, de bolsillos abultados, apostados en cada café, vagueando por la Rambla y enganchando, de un modo vengativamente suspicaz, a algunos transeúntes elegidos por alguna singular razón, hasta el punto de que incluso esta