Ir al contenido principal

Marion Cran

(A FPC, de “Jardines Secretos”)

No tengo jardín, ni entiendo de jardines, pero me gusta de vez en cuando leer literatura sobre jardines. No me refiero a manuales o tratados de jardinería, sino a ensayos o artículos literarios sobre ellos. Y en este campo creativo nadie como los ingleses. Beverly Nichols es todo un clásico, con obras muy apreciadas. Marion Cran, en cambio, es menos conocida, pero no menos entrañable. Hace poco encontré un libro suyo en una librería de lance de Barcelona y lo compré. El libro se titula The Garden of Ignorance (1917) y recoge su experiencia (o falta de ella) al diseñar el primer jardín de su casa.
El libro consta de una serie de textos sobre diversos temas: los arriates, los esquemas de colores, el palomar… Habla de azaleas, peonías, rododendros, montbretias, narcisos, clemátides; de los cuidados que necesitan y dónde conviene plantarlas. A las rosas les reserva un capítulo entero y no escatima consejos sobre linajes y parentescos. Gracias a ella me entero, por ejemplo, de que la variedad Commander Jules Graveraux es un cruce de la roja y perfumada Richmond y de Frau Karl Druschki, “the loveliest white of today”. En sus descripciones las rosas son como los aristócratas en las novelas de Proust: elegantes y conscientes de su alcurnia.
Pero no solo hay plantas y flores en el jardín de la señora Cran. “Pienso que pájaros y otros animales son parte de un libro de jardines”, asegura. En consecuencia, dedica unas emotivas páginas a sus gatos Zillah y Tatty-Bogle y a su fiel perro pastor Bouncer. Los vemos brincar y correr y tomar, perezosos, el sol. En el jardín de Mrs. Cran hay mucha vida.
Con este libro la autora abre al lector las puertas de su jardín particular, se lo muestra con todo el amor y dedicación de la que es capaz, y le invita a disfrutar de sus encantos. Y yo, muchos años después, he entrado en él y me he visto recompensado, por lo que, humildemente, le doy las gracias.

Comentarios

  1. Gracias por la dedicatoria. Había oído hablar de ella, pero no he leído nada (¡imperdonable!). Me servirá de estímulo para hacerlo: ¡hay tanto escrito sobre el jardín que una vida no parece suficiente!
    Un abrazo

    ResponderEliminar
  2. Hay un personaje curioso relacionado con los jardines. Se trata del poeta irlandés Geoffrey Phibbs, de quien no he leído nada pero que imagino (se me acaba de ocurrir) que debe ser fácil de encontrar en internet. Este Phibbs fue amante de Laura Riding y formó parte de su "círculo mágico" juntamente con Robert Graves y su mujer. Por supuesto, dada la delirante personalidad de Laura, acabaron de muy mala manera. Lo cuenta Rosa Montero con mucha gracia en su libro "Historias de mujeres". Pues bien, tras abandonar a Laura, Phibs se fue a vivir con Nancy, la mujer de Graves, y acabó convirtiéndose en una autoridad en jardines victorianos. Supongo que necesitaba paz interior.
    Saludos.
    JLP

    ResponderEliminar
  3. No sabía que Geoffrey Phibbs se hubiese dedicado a la jardinería. Solo me sonaba en relación con el episodio vodevilesco Riding-Graves, de tintes tragicómicos, que leí en una biografía de Graves, y al que tu refieres. En efecto, el ménage Riding-Graves-Nancy se convirtió en una menagerie cuando Laura invitó a su amante Phibbs a unirse al trío. Este se cansó pronto y volvió con su mujer, a la que había dejado porque ella había tenido un affair con el novelista David Garnett. Tras una breve reconciliación rompieron de nuevo y Phibbs regresó a Deyà, pero para decirle a Laura que ya no la quería. Desesperada, Laura se arrojó por la ventana de un cuarto piso. Graves bajó corriendo las escaleras, pero pensando que su musa ya estaría muerta, se paró en el tercer piso y saltó por la ventana. Sorprendentemente, ambos sobrevivieron. Poco después, Phibbs se fue con Nancy...
    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  4. Bien contado. Pero la cosa se complica porque Geoffrey Phibbs firmaba también como Geoffrey Taylor y resulta que el experto en jardinería victoriana es un tal Peter Geoffrey Taylor. Esto es lo que he encontrado en internet. Así que aún no sabemos si Geoffrey Phibbs se curó de sus menageries con los jardines o es un homónimo y Rosa Montero se lió.
    En fin, son los vasos comunicantes de la vida y la literatura.
    Saludos.
    JLP

    ResponderEliminar
  5. Phibbs se llamá a si mismo Geoffrey Taylor pero el tal Peter Geoffrey Taylor es un botánico nacido en otra fecha. Mi datos se acaban ahí. Una búsqueda rápida en mis libros de jardines ingleses, no pocos, no arroja ningún resultado.
    Un abrazo

    ResponderEliminar
  6. se me ocurre un título para todo este enredo: Perdidos en los jardines de Venus.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares

Un milagro de san Salvador de Horta

"Dos casados vizcaínos traxeron desde aquel reino a Horta una hija, que era sorda y muda de nacimiento; y poniéndola a los pies del venerable Fray Salvador, les dixo que estuviesen ocho días en la Iglesia orando a Nuestra Señora, y que después hablaría la muchacha. Pasados quatro días habló, pero en lengua catalana, conformándose con el idioma del territorio en que estaba. Entonces viendo hablar a la muda gritaron todos: Milagro, milagro. Pero sus padres como no entendían aquella lengua estaban descontentos, y levantando la voz decían que ellos no querían, ni pedían, que hablase su hija lengua catalana, sino vizcaína; y fueron a Fray Salvador, que le quitase la lengua catalana y le diese la vizcaína. Él les respondió: Vosotros proseguid la oración de los ocho días, que yo también continuaré la mía. Y cumplidos los ocho días, delante de los muchos que concurrieron a ver la novedad, dixo: Amigo, la Virgen Santísima quiere que la niña hable catalán mientras esté en el reino de Catal…

Kerouac

Ayer se cumplieron cincuenta años de la muerte del escritor norteamericano Jack Kerouac, la gran estrella del firmamento beat. De hecho, el comienzo de la llamada "generación beat" puede datarse en 1957, al amparo de la publicación de su novela En la carretera y el lanzamiento del Sputnik por la Unión Soviética (de aquí la palabra beatnik que a partir de entonces definiría a los jóvenes rebeldes y disidentes culturales).
Se diría que el éxito mató a la generación beat prácticamente desde su inicio. De la noche a la mañana aspirantes a escritores considerados impublicables ocuparon las páginas de las revistas, fueron entrevistados en la radio e incluso salieron en televisión. El fenómeno fue fulgurante, pero duró poco. La cosecha fue escasa, pero auténtica. Sobre todo hubo poetas, muchos poetas. Narradores pocos, y que hayan quedado todavía menos: solo Kerouac y su mentor William S. Burroughs, aunque en rigor el autor de El almuerzo desnudo no pertenece a la misma "gene…

Portentosas lluvias

Según reza el subtítulo de Mil y una curiosidades (Barcelona, c. 1930) se trata de un "Archivo de cosas raras muy convenientes. Algo de todo. Noticias que no contiene ningún diccionario. Libro de utilidad y recreo. Agradable lectura para hombres y niños. Asuntos tratados sencillamente, sin alardes científicos ni pedantescos". Su autor, aunque no conste en la portada, fue el periodista y humorista aragonés Julio Víctor Tomey, autor, entre otras obras, de dos libritos cómicos: Cuadernicos baturros y Prosica baturra.
El volumen II de Mil y una curiosidades -que me facilitó mi amigo Josep Mª Sans- contiene un batiburrillo de noticias curiosas sobre diversos temas, desde el velocípedo al paragranizo pasando por el modo de ordeñar las vacas por medio de la electricidad. Incluye también referencias a algunos libros antiguos y raros, como Prodigiorum ac ostentorum chronicon, infolio publicado en Basilea en 1557, por "el sabio profesor de Heidelberg Teobaldo Wolffhar, que escri…