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Voltaire

El 1 de noviembre de 1755 Lisboa se vio afectada por uno de los sismos de mayor magnitud de los tiempos modernos. El terremoto se sintió en media Europa y el posterior tsunami y los incendios dejaron la capital lisboeta arrasada y sumida en el caos. Tan grande calamidad tuvo una enorme repercusión en todo el mundo civilizado y generó una ingente cantidad de papeles de todo tipo: religiosos, morales, filosóficos, científicos…Voltaire no desaprovechó la ocasión, y escribió un “Poema sobre el desastre de Lisboa” (1756). Tres años más tarde, en su Candide o el optimismo, vuelve a arremeter, a propósito del terremoto lisboeta, contra los prejuicios de la religión y las concepciones deístas, haciendo del optimista mentor Pangloss una burda caricatura de Leibniz.
El nivel de conocimientos del filósofo francés sobre materias geológicas era limitado. No creía que los fósiles –lapides figurati- pudieran corresponder a restos orgánicos, por el contrario los consideraba meros caprichos de la naturaleza. Se preguntaba con ironía si las conchas petrificadas que se encontraban en las montañas no serían sino conchas dejadas por los peregrinos. Tampoco las teorías de la Tierra que proliferaron en al primera mitad del siglo XVIII eran santo de su devoción. Cuando en 1748 salió Telliamed, ou Entretiens d’un philosophe indien avec un missionaire français sur la diminution des eaux, la formation de la terre, l’origine de l’homme, etc., obra póstuma del diplomático Benoît de Maillet (1656-1738), Voltaire lo atacó virulentamente. De hecho era una obra singular para la época. Escrita en forma de diálogo, un erudito indio llamado Telliamed (De Maillet al revés) va desgranando una serie de ideas sobre la Tierra, algunas de ellas bastante novedosas y arriesgadas para la época: la disminución gradual del nivel del mar a partir de un océano primigenio que cubría por entero la superficie de la tierra, el origen de la vida terrestre a partir de semillas procedentes del espacio exterior (un claro precedente de la teoría de la panspermia), la naturaleza orgánica de los fósiles, la edad de la Tierra cifrada en millones de años... Voltaire tachó a De Maillet de charlatán. No siempre los genios tienen razón.

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Escribir o no escribir

Por lo tanto, escribir que se querría escribir, ya es escribir. Escribir que no se puede escribir, también es escribir. Una manera como cualquier otra de llevar a cabo el vuelco que da pie a tantos propósitos audaces: hacer de lo periférico el centro, de lo accesorio lo esencial y de la arenilla la piedra angular. Sabía por lo tanto lo que tenía que hacer: dar una especie de golpe de mano mediante el cual había que conseguir otorgar una existencia ficticia a unos libros que no existen realmente y, gracias a ello, conferir una existencia real al libro que trata de esos libros ficticios. Un proceder en suma que se asemeja al que conduce al cogito cartesiano: en el momento preciso de dar fe de mi ineptitud para la escritura me descubría a mí mismo escritor, y de la ausencia de mis obras fallidas se nutriría éste. Hermoso ejemplo de esa estrategia del quien-pierde-gana, de esa proeza dialéctica que convierte una acumulación de fracasos en un camino hacia el éxito. ¡No será que no nos han…

Luciérnagas en la noche

Eric Chapman contempló la esfera de su reloj de pulsera.
Se incorporó paseando por el amplio despacho. Se aproximó al ventanal. Desde allí se apreciaba una panorámica de la ciudad de Los Ángeles. Era como un gigante devorado por luciérnagas. Los destelleantes luminosos de neón dominaban la oscuridad de la noche.

(Adam Surray, El caso del cadáver secuestrado. Editorial Bruguera, 1982).

Políticos mejores y peores

P. ¿Queres decir que toda política es un juego sucio y que se la debería dejar en manos de los sinvergüenzas? ¿Te unes a la banda de los que dicen que el mundo sólo de salvará por un cambio del corazón? ¿Es eso?

R. No. Sólo digo que hoy los políticos dependen del apoyo de las masas, y que en consecuencia son representativos del hombre medio de su país y de su tiempo, a veces un poco mejores, a veces algo peores. Si fueran mucho mejores o mucho peores, no tendrían éxito, porque jamás serían aceptados por las masas (...) Esto significa que si estás muy por encima de la media en comprensión y sensibilidad, es probable que no seas capaz de hacer mucho políticamente, en el sentido estricto de la palabra, porque no tardarás en verte obligado a hacer cosas en las que realmente no crees, lo que significa que en la práctica fallarás, pues es imposible hacer bien algo si no se cree totalmente en lo que se está haciendo...

(W. H. Auden, El prolífico y el devorador. Traducción de Horacio Vázquez…