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Stegner

Hace años leí una novela titulada Una estrella fugaz. Borrada su trama con el paso del tiempo, permanecen sin embargo vivas en mi memoria una imagen y un detalle. La imagen es la de una mujer joven –la protagonista- con un vestido estampado, sujetando con fuerza un bolso blanco de verano, sola en medio de un desierto cubierto de desperdicios. El detalle hace referencia a los nombres de tres lugares “excitantes y remotos” con los que sueña la mujer en su atolondrada huída hacia ninguna parte: Sao Paulo, las islas griegas y Andorra. El autor de dicha novela es Wallace Stegner (1909-1993), escritor norteamericano de narraciones, ensayos y biografías, entre ellas dos dedicadas a sendos geólogos: Beyond the Hundreth Meridian: John Wesley Powell and the Second Opening of the West (1954) y Clarence Dutton: An Appraisal (1935).
El mayor John Wesley Powell (1834-1902) luchó en la Guerra Civil y perdió el brazo derecho en la batalla de Shiloh. Fue profesor de Geología en Illinois y entre 1881 y 1884 ocupó el puesto de director del U.S. Geological Survey. Su mayor timbre de gloria fue el haber llevado a cabo, con éxito, la primera expedición científica al río Colorado y el Gran Cañón. Por su parte, Clarence Dutton (1841-1912) fue también mayor en la Guerra Civil y trabajó para el U.S. Geological Survey de 1875 a 1891. Estudió el terciario del Gran Cañón, los plateaux de Utah y el Crater Lake de Oregon. Destacó también como sismólogo y volcanólogo, y a él se debe el concepto de isostasia.
Pocos autores como Stegner han sabido penetrar tan profundamente en el “espíritu de frontera” que impregnó a tantos hombres y mujeres en su búsqueda de nuevos horizontes por los vastos territorios del Oeste americano. Powell y Dutton fueron dos competentes profesionales, pioneros en la exploración de estos territorios. Su labor, llevada a cabo en unas condiciones muy duras y poco agradecidas, supuso un notable avance en el conocimiento geológico de una parte del país aún poco conocida; y Wallace Stegner, con su prosa tranquila nos acerca a la personalidad de estos dos geólogos con admiración y respeto.

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Un poema de Iglesias Díez

FINAL

Cuando el amor solo sea
un haz de quebradas luces,
entre tus dedos seguiré siendo
ceniza de Luna.

(Carlos Iglesias Díez, Pájaro herido. Bajamar Editores, 2018).

Nadie acaba como empieza

Harold J. Stone: Recuerda que las personas cambian.
Don Murray: ¿Por qué?
Harold J. Stone: Los hombres, las mujeres, los juegos de cartas, los amigos en quien confías... Todos. Nadie acaba como empieza.

(Duelo en el barro, 1959, de Richard Fleischer. Guion de Alfred Hayes y A. B. Guthrie).

Un poema de Pizarnik

OJOS PRIMITIVOS

     En donde el miedo no cuenta cuentos y poemas, no forma figuras de terror y de gloria.

     Vacío gris es mi nombre, mi pronombre.

     Conozco la gama de los miedos y ese comenzar a cantar despacito en el desfiladero que reconduce hacia mi desconocida que soy, mi emigrante de sí.

     Escribo contra el miedo. Contra el viento con garras que se aloja en mi respiración.

     Y cuando por la mañana temes encontrarte muerta (y que no haya más imágenes): el silencio de la comprensión, el silencio del mero estar, en esto se van los años, en esto se fue la bella alegría animal.

(Alejandra Pizarnik, Nombres y figuras, Picazo, Barcelona, 1969).