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Ideas y emociones

Un libro que valga la pena leer ha de transmitirnos, o despertarnos, una de estas dos cosas: ideas o emociones. Y las dos, si no es pedir demasiado. O tal vez la mezcla estropearía el libro, porque la literatura es una cuestión de establecerse unos límites y tener mucho respeto por las proporciones. Sobre los libros que contienen ideas solo puedo exponer este deseo: que las ideas se entiendan (…) Las ideas y las emociones son compatibles en un mismo libro, naturalmente. Pero hay una diferencia de origen. Las ideas las tiene que poner el autor, aunque a partir de aquí el lector las pueda tener por su cuenta. En los libros que contienen emociones, en cambio, las posibles emociones del autor no tienen que verse, o verse lo menos posible. De modo que, más exactamente tendría que hablarse de libros que “contienen” ideas y de otros –o los mismos- que “provocan” emociones.

(De El meu ofici, de Josep M. Espinàs, 2008)

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He aquí el número diabólico: 142.857. Consiste en lo siguiente: multiplicado por 2 y por 3 las mismas cifras se producen en los dos productos. Veamos:

                                                            x 2 = 285.714
                                                            x 3 = 428.571

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                                        x 7 = 999.999 (seis veces la cifra nueve).

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Escribir o no escribir

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