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De Dickens a Dostoievski

Empezó la Eurocopa de Fútbol. Como suele decir mi amigo y colega Juan Luis Martínez Álvarez en estas ocasiones, España va de Dickens a Dostoievski; o sea, de "Grandes esperanzas" a "Humillados y ofendidos". Esperemos que esta vez pasen antes por Kafka ("La metamorfosis"), aunque me temo que al final acabemos como siempre, en Laforet ("Nada").

Comentarios

  1. Puede usted hasta convertir el post -ya magnífico, por cierto- en una nueva conradiana: el grito unánime ante el espectáculo que ofrecerá muy probablemente la selección no será otro que aquel de Kurtz: ¡Horror, horror!.
    Saludo cordial.

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  2. Si salen derrotados, como acostumbran, será cosa de Fante: "Pregúntale al polvo". Claro que, sea como sea, con tanta declaración público sobre si sí o si no, pasaremos por Böll: "Opiniones de un payaso". Para mí que lo mejor es escurrir el bulto y ver cómo se someten a Borges: "Historia universal de la infamia". O sea, lo de siempre. Gracias por verlo con humor para aquellos a los que no nos gusta el fútbol. Un abrazo.

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  3. Gracias a vosotros por vuestras aportaciones.

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Un poema de Iglesias Díez

FINAL

Cuando el amor solo sea
un haz de quebradas luces,
entre tus dedos seguiré siendo
ceniza de Luna.

(Carlos Iglesias Díez, Pájaro herido. Bajamar Editores, 2018).

Nadie acaba como empieza

Harold J. Stone: Recuerda que las personas cambian.
Don Murray: ¿Por qué?
Harold J. Stone: Los hombres, las mujeres, los juegos de cartas, los amigos en quien confías... Todos. Nadie acaba como empieza.

(Duelo en el barro, 1959, de Richard Fleischer. Guion de Alfred Hayes y A. B. Guthrie).

Un poema de Pizarnik

OJOS PRIMITIVOS

     En donde el miedo no cuenta cuentos y poemas, no forma figuras de terror y de gloria.

     Vacío gris es mi nombre, mi pronombre.

     Conozco la gama de los miedos y ese comenzar a cantar despacito en el desfiladero que reconduce hacia mi desconocida que soy, mi emigrante de sí.

     Escribo contra el miedo. Contra el viento con garras que se aloja en mi respiración.

     Y cuando por la mañana temes encontrarte muerta (y que no haya más imágenes): el silencio de la comprensión, el silencio del mero estar, en esto se van los años, en esto se fue la bella alegría animal.

(Alejandra Pizarnik, Nombres y figuras, Picazo, Barcelona, 1969).