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Bob Anderson

La prensa trajo hace unos días el fallecimiento del actor Bob Anderson. El nombre no decía mucho, porque no era un estrella ni nunca lo fue. Se le recordará, sin embargo, por su pequeño papel en ¡Qué bello es vivir! (It's a Wonderful Life, 1946) de Frank Capra. En esta película hacía de George Bailey niño. De mayor el personaje lo hacía el protagonista, James Stewart.
El azar ha querido que días antes de conocer la noticia viese en televisión otra película, Ruthless (1948) de Edgar G. Ulmer. En ella aparecía Bob Anderson haciendo también el papel del protagonista, Horace Vendig (de adulto Zachary Scott), cuando era niño. En una escena de la película el padre de Horace, interpretado por Raymond Burr, le aconseja a su hijo en la ficción: "Nunca dejes escapar una oportunidad". No sé si Bob Anderson, en la vida real, supo aprovechar las oportunidades. En el cine, tras un comienzo prometedor como actor infantil, la carrera de Bob Anderson no despegó y debió de conformarse con papeles secundarios. Viendo, sin embargo, cómo acabó de mayor Horace Vendig casi mejor que algunas oportunidades pasen de largo.

Comentarios

  1. Recuerdo muy bien a Bob Anderson. La escena en que se percataba de que el farmacéutico se había equivocado con las medicinas era emocionante.
    De todos modos, por lo que yo he leído estos días, no tuvo una mala vida. Es cierto que no acabó de triunfar como actor pero siguió en el mundo del cine (en trabajos de producción) y, en fin, se ha muerto muy mayor. No parecía una vida fracasada.
    Me gustaría saber qué ocurrió con Bjorn Andersen (quizá me he acordado de él por la coincidencia del apellido), el Tadzio de "Muerte en Venecia". Creo que este sí que acabó realmente mal pero no sé nada concreto. Aunque hay niños prodigio que han triunfado (Liz Taylor, sin ir más lejos), tal vez lo mejor que le pasó a Bob Anderson fue no seguir siendo actor.
    Un abrazo:
    JLP

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  2. No debe ser nada fácil pasar de actor infantil a actor adulto, sobre todo si las actuaciones de niño vienen precedidas de la fama. Seguro que hace falta algo más que talento. Hablando de actores infantiles, mi favorito sigue siendo Brandon de Wilde, el de "Raíces profundas". La expresión de desolación, al final de la película, cuando Alan Ladd se aleja a caballo de la casa, y De Wilde se queda solo gritando ¡Shane! ¡Shane! es difícil de olvidar. Hizo algunas películas más, pero murió con apenas treinta años. Una pena.
    Un abrazo.

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