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Balzac

En febrero de 1830 hubo en la Academia de Ciencias de París un notorio encontronazo entre el zoólogo Étienne Geoffroy Saint-Hilaire, especialista en cocodrilos, y el afamado paleontólogo, experto en anatomía comparada, Georges Cuvier. El lamarckiano Geoffroy abrió las hostilidades atacando el concepto fijista de las especies defendido por el barón de Cuvier, y éste respondió con arrogancia en contra de las ideas propugnadas por Geoffroy. El debate continuó en los meses posteriores, con ataques mutuos cada vez más subidos de tono, hasta el punto de llegar a la descalificación personal. Cuvier estaba agradecido a Geoffroy por haberle avalado en los inicios de su fulgurante carrera, pero sintiéndose atacado injustamente no tuvo reparo alguno en emplear munición de grueso calibre. La disputa se convirtió en una de las controversias científicas más sonadas de la época, trascendiendo el ámbito académico e interesando al gran público.
Un año más tarde, Honoré de Balzac publicaba la novela La piel de zapa, correspondiente a la serie de “estudios filosóficos”. Balzac consideraba al barón de Cuvier un héroe de su tiempo, un triunfador social digno de figurar en el más selecto elenco de su Comedia Humana, y no dejó pasar la oportunidad de mencionarle en la novela. Al principio de La piel de zapa, el protagonista visita la tienda de un extraño anticuario, y en uno de los gabinetes se queda solo contemplando los objetos allí reunidos:
“¿No os habéis lanzado nunca a la inmensidad del espacio y del tiempo, leyendo las obras geológicas de Cuvier? ¿No os habéis cernido, en alas de su genio, sobre el abismo sin límite del pasado, como sostenidos por la mano de un mago? Al descubrir de estrato en estrato, de capa en capa, bajo las canteras de Montmartre o en los esquistos del Ural, esos animales, cuyos restos fosilizados pertenecen a civilizaciones antediluvianas, se asusta el ánimo al considerar los millones de siglos, los millones de pueblos que la frágil memoria humana, que la indestructible tradición divina han olvidado, y cuyas cenizas, acumuladas en la superficie de nuestro globo, constituyen los dos palmos de tierra que nos suministran el pan y las flores. ¿No resulta Cuvier el poeta más grandede su siglo?...”

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Políticos mejores y peores

P. ¿Queres decir que toda política es un juego sucio y que se la debería dejar en manos de los sinvergüenzas? ¿Te unes a la banda de los que dicen que el mundo sólo de salvará por un cambio del corazón? ¿Es eso?

R. No. Sólo digo que hoy los políticos dependen del apoyo de las masas, y que en consecuencia son representativos del hombre medio de su país y de su tiempo, a veces un poco mejores, a veces algo peores. Si fueran mucho mejores o mucho peores, no tendrían éxito, porque jamás serían aceptados por las masas (...) Esto significa que si estás muy por encima de la media en comprensión y sensibilidad, es probable que no seas capaz de hacer mucho políticamente, en el sentido estricto de la palabra, porque no tardarás en verte obligado a hacer cosas en las que realmente no crees, lo que significa que en la práctica fallarás, pues es imposible hacer bien algo si no se cree totalmente en lo que se está haciendo...

(W. H. Auden, El prolífico y el devorador. Traducción de Horacio Vázquez…

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De Anaïs Nin a Nicolás Guillén, con un interludio musical.

En los diarios tempranos de Anaïs Nin, escritos en los años veinte, el apellido Madriguera aparece en varias ocasiones. Paquita y Enric Madriguera eran dos hermanos catalanes, músicos precoces y amigos del compositor hispanocubano Joaquín Nin Castellanos, padre de Anaïs y de Joaquín Nin-Culmell, compositor como su padre. Ambos se alojaron en varias ocasiones en casa de Anaïs. Paquita fue una reconocida pianista, que más tarde se casaría con el guitarrista Andrés Segovia. Enric era violinista y tras empezar una prometedora carrera como intérprete clásico, al llegar Estados Unidos se pasó a la música moderna con gran éxito. Al frente de su banda se hizo famoso como compositor de canciones y bailables de ritmos latinoamericanos, compitiendo en este ámbito con su compatriota Xavier Cugat. El figuerense había empezado su carrera profesional en La Habana, donde se había criado y formado también como violinista.
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