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Los amantes del terremoto

En la tarde del 21 de marzo de 1829 un fuerte sismo se hizo sentir en Torrevieja y alrededores. Hubo mucha ruina. Varias localidades alicantinas y murcianas –Guardamar, Almoradí, Rojales, Orihuela…- quedaron asoladas, con más de 3000 casas destruidas. Una primera evaluación oficial de víctimas, hecha por el ingeniero de caminos José Agustín de Larramendi, dio 389 muertos y 375 heridos. El hecho tuvo repercusión en toda España y, a consecuencia de ello, proliferaron los escritos, tanto periodísticos como literarios, alusivos a la catástrofe. Entre ellos destaca el poema (silva) “A los terremotos ocurridos en España en 1829”, que escribiera un joven Mariano José de Larra.
En cuanto a la narrativa, el sismo de Torrevieja nos ha dejado una novela titulada Los terremotos de Orihuela, o Henrique y Florentina: Historia trágica, impresa en Valencia, por Cabrerizo, en 1829. La obra apareció anónima, pero su autor era el escritor Estanislao de Kotska Vayo (1804-1864), quien dos años más tarde publicaría una apreciable novela histórica: La conquista de Valencia por el Cid. Las primeras 40 páginas del libro contienen los documentos oficiales sobre el temblor, y al final del mismo se incluye un pequeño mapa de los lugares afectados, con su explicación. El estilo y la línea narrativa de Los terremotos de Orihuela están en consonancia con el ramplón sentimentalismo romántico propio de la época. Al final, los dos jóvenes protagonistas, Enrique y Florentina, se reencuentran entre las ruinas, pero -¡oh fatalidad!- “un sacudimiento espantoso levanta la tierra, y abriendo un abismo por aquella parte, se traga a los amantes: Y abrazados, y sus almas confundidas, desaparecen a un mismo tiempo…¡Ya no existís, desafortunados jóvenes!...” Al margen de su calidad, la novela es una de las escasísimas obras de ficción españolas inspiradas en un acontecimiento sísmico real; una obra en la que, como dice Fernando de la Torre, “el terremoto, con sus macabras consecuencias, está pintado a lo vivo y forma el deus ex machina de todo el relato”.

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Un poema de Raine

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