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Lyell bajo el prisma de Rexroth

El poeta, crítico y ensayista estadounidense Kenneth Rexroth (1905-1982) tuvo, además de la literatura, una gama de intereses muy variada: la política (especialmente el anarquismo), las religiones, la filosofía (sobre todo las orientales), la pintura, el jazz, la ecología, la antropología y las ciencias, entre ellas la geología.
Uno de sus poemas se titula “De nuevo la hipótesis de Lyell”, y lleva como lema el subtítulo de Principles of Geology (1830-1833), la obra fundamental del geólogo escocés Charles Lyell: Un intento de explicar los cambios antiguos en la superficie de la Tierra por comparación con las causas que actúan en el presente.
He aquí un fragmento de dicho poema:

Este ego, atado por la
Tragedia personal y la vasta
Venganza impersonal,
Del mundo arruinado y arruinador,
Se detiene en esta inmortalidad,
Tan apasionado, tan apático,
Como el flujo de lava que una vez ardió aquí;
Y se paró aquí; y dijo: “Hasta aquí llego
Y no más lejos.” Y luego habló
Con la sencilla dicción de la piedra.

Comentarios

  1. "Habló con la sencilla dicción de la piedra". Qué hallazgo. ¿Pero diría un geólogo que esa dicción es realmente sencilla?
    Un abrazo:
    JLP

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  2. Pues por lo general no, amigo anónimo.Qué más quisiéramos que entendernos siempre, las piedras y nosotros; pero estamos en ello.
    Un abrazo.

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  3. Por cierto, José Luis, ya veo que has podido entrar en los comentarios de mi blog sin problemas. Me alegro.

    ResponderEliminar

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OJOS PRIMITIVOS

     En donde el miedo no cuenta cuentos y poemas, no forma figuras de terror y de gloria.

     Vacío gris es mi nombre, mi pronombre.

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     Escribo contra el miedo. Contra el viento con garras que se aloja en mi respiración.

     Y cuando por la mañana temes encontrarte muerta (y que no haya más imágenes): el silencio de la comprensión, el silencio del mero estar, en esto se van los años, en esto se fue la bella alegría animal.

(Alejandra Pizarnik, Nombres y figuras, Picazo, Barcelona, 1969).

Nadie acaba como empieza

Harold J. Stone: Recuerda que las personas cambian.
Don Murray: ¿Por qué?
Harold J. Stone: Los hombres, las mujeres, los juegos de cartas, los amigos en quien confías... Todos. Nadie acaba como empieza.

(Duelo en el barro, 1959, de Richard Fleischer. Guion de Alfred Hayes y A. B. Guthrie).

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FINAL

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un haz de quebradas luces,
entre tus dedos seguiré siendo
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