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Clavijo

En mayo de 1764 el escritor Pierre Augustin Caron de Beaumarchais se desplaza de París a Madrid dispuesto a arreglar cierto enojoso asunto. Al parecer, un tal José Clavijo y Fajardo había faltado por dos veces a su palabra de casamiento dada a Lisette, hermana menor de literato francés y residente en la capital de España. Clavijo, el supuesto burlador, es un lanzaroteño criado en Madrid y formado en Francia. Tiene treinta y ocho años, escribe en periódicos y trabaja en los archivos reales. Por su parte, Beaumarchais, ex relojero enriquecido tras contraer nupcias con una viuda con posibles, todavía no es el celebrado autor de El barbero de Sevilla o Las bodas de Fígaro, pero goza de cierta ascendencia en los salones y ambientes financieros parisienses.
El encuentro entre ambos dará lugar a uno de los más enrevesados affaires de la época, el cual será convenientemente rentabilizado por Beaumarchais al escribir, tres años después, el drama lacrimógeno Eugenia. En 1774 sacará de nuevo a relucir el incidente en sus Memorias; relato que, a su vez, servirá de inspiración a un joven Goethe para pergeñar la tragedia en cinco actos Clavigo (sic).
Al margen de este asunto, José Clavijo es recordado hoy en día por su labor al frente del Real Gabinete de Historia Natural de Madrid y, sobre todo, por traducir al castellano la Historia natural, general y particular, del conde de Buffon, que fue apareciendo en 24 tomos entre 1785 y 1805. La obra marca un hito en el panorama científico español de fines del siglo XVIII; sin embargo, aunque incluyó el controvertido capítulo sobre la “Teoría de la Tierra”, no incorporó los tomos correspondientes a la Mineralogía. Curiosamente, fue Clavijo quien promovió en 1798 un Real Estudio de Mineralogía a cuyo frente puso a un alemán, Christian Herrgen, que había traducido la Orictognosia de Widenmann, un discípulo de Werner.
Muchos años después, Ricardo Baroja, hermano de don Pío, escribirá Las tres vidas de Clavijo (1942), deliciosa narración, bajo tres puntos de vista, del sonado lance entre Clavijo y Beaumarchais. Con gusto de miniaturista recrea Baroja los ambientes aristocráticos y populares del Madrid dieciochesco. Además del terceto protagonista, entran y salen del enredo, a ritmo de minué, criados correveidiles, funcionarios venales, diplomáticos muy diplomáticos, arribistas, damas de similor, currutacos, manolas y botánicos valetudinarios. Al cerrar el libro un agradable y ligero aroma de chocolate con soconusco parece desprenderse de sus páginas.

Comentarios

  1. Falta el dato fundamental: ¿se casaron finalmente Clavijo y Lisette???
    JLP

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