Ir al contenido principal

Un poema de Palau i Fabre

LA ROSA

Has hecho que hablen demasiado de ti, de tu perfume, de tu
belleza. ¡No vale la pena! Pero que conste, desde ahora,
que mi instinto ha sido siempre el de estropearte; que
te he deshojado, que te he estrujado dentro de la mano hasta dejarte
sin respiración, que no te he respetado con aquella especie
de adoración estúpida con la que te nombran los otros, con
la que hablan de ti unos cuantos poetas desgraciados que también
has seducido. ¡Ya nos conocemos! Conozco bien tus encantos,
tus artes, tu perversidad, ¡y no me pillarás! Tu eres una
de aquellas chicas que toda la vida parecen decirte sí, te dan
esperanzas, van pasando el tiempo y te doblan el espinazo
inútilmente. Conozco tu colección de vestidos esplendorosos,
tus faldas innumerables: pero los muslos, no los encontramos jamás.
¡Ya está bien de tu imperio, de tu tiranía! Me avergüenzo
de haberme dejado, por un momento, llevar por la música de tu
rostro. Si te encuentro otra vez te magullaré, como cuando era
niño, te lanzaré a un charco y te llamaré por tu nombre
verdadero, porque eres ¡la puta rosa!

21 de diciembre de 1944

Traducción: J.O. La rosa, de Josep Palau i Fabre (1917-2008), se halla incluida en Poemes de l’Alquimista (1952)


Comentarios

Entradas populares

Un poema de Iglesias Díez

FINAL

Cuando el amor solo sea
un haz de quebradas luces,
entre tus dedos seguiré siendo
ceniza de Luna.

(Carlos Iglesias Díez, Pájaro herido. Bajamar Editores, 2018).

Nadie acaba como empieza

Harold J. Stone: Recuerda que las personas cambian.
Don Murray: ¿Por qué?
Harold J. Stone: Los hombres, las mujeres, los juegos de cartas, los amigos en quien confías... Todos. Nadie acaba como empieza.

(Duelo en el barro, 1959, de Richard Fleischer. Guion de Alfred Hayes y A. B. Guthrie).

Un poema de Pizarnik

OJOS PRIMITIVOS

     En donde el miedo no cuenta cuentos y poemas, no forma figuras de terror y de gloria.

     Vacío gris es mi nombre, mi pronombre.

     Conozco la gama de los miedos y ese comenzar a cantar despacito en el desfiladero que reconduce hacia mi desconocida que soy, mi emigrante de sí.

     Escribo contra el miedo. Contra el viento con garras que se aloja en mi respiración.

     Y cuando por la mañana temes encontrarte muerta (y que no haya más imágenes): el silencio de la comprensión, el silencio del mero estar, en esto se van los años, en esto se fue la bella alegría animal.

(Alejandra Pizarnik, Nombres y figuras, Picazo, Barcelona, 1969).