Ir al contenido principal

Aspiraciones de un escritor de éxito

El pasado día de Reyes, Ignacio del Valle sacaba a relucir, en su blog La Torre de Marfil, el nombre del escritor británico John Creasey (1908-1973) como lenitivo de quienes hemos padecido en algún momento el rechazo de las editoriales. En efecto, a lo largo de su carrera literaria Creasey acumuló la friolera de 743 rechazos. Quien no se consuela es porque no quiere.
Casualmente, hace unos días he estado hojeando una antología de la segunda época del semanario John O'London, publicada en 1961, y me he encontrado con un artículo de John Creasey titulado "Las aspiraciones de un autor de éxito". En él, Creasey confesaba que siempre fue un soñador, aguijoneado por el anhelo de lo inalcanzable. "El axioma que más me ha impresionado cuando lo leí por primera vez, y que desde entonces ha sido mi guía más segura es: Lo difícil debe hacerse enseguida, lo imposible puede llevar un poco más de tiempo". También decía que su mayor deseo era escribir la mejor crime story de todos los tiempos. No creo que lo consiguiera, pero al menos lo intentó unas 600 veces: tantas como obras escribió.

Comentarios

  1. Mucho me temo que el ejemplo no le puede servir a nadie como consuelo, porque según he visto en http://www.johncreasey.co.uk/ en 1971 Creasey ya había vendido ¡¡¡más de 80 millones de ejemplares!!! de sus libros. Miles de ediciones de cientos de libros...
    Eso debe de ser lo que llaman "un letraherido".

    ResponderEliminar
  2. Imagino que Creasey hubiese cedido con gusto parte de sus millonarias ganancias con tal de disfrutar de mayor prestigio literario.
    A otros nos ocurre lo contrario. Ganar dinero con los libros no te hace mejor escritor, pero te ayuda a pagar la hipoteca.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares

Cuando se apaga la luz

"Ningún hombre es listo cuando una mujer apaga la luz".

(Barry Sullivan en Mujer inteligente, 1948, de Edward A. Blatt. Guion de Alvah Bessie y otros).

Incierta Fritillaria

La historia de la Fritillaria en Gran Bretaña es igualmnente incierta. Es seguro que se cultivaba allí en 1597, y posiblemente hacia 1578 (en realidad los nombrs de esta planta no se fijaron tan pronto, y a veces no está claro de qué planta se habla). Por otro lado, el primer registro de la planta en el mundo natural data de 1736, y hasta eso es anómalo, nadie afirma haber vuelto a verla hasta 1776, una fecha muy tardía para una nativa británica auténtica, sobre todo para una tan llamativa, inconfundible y atractiva. En otras palabras, quien considere nativa la Fritillaria deberá reconocer que las distintas generaciones de botánicos de los siglos XVII y XVIII se pusieron de acuerdo para no mencionarla en absoluto, una confabuilación solo comparable a la de la NASA cuando simuló los aterrizajes de estadounidenses en la Luna, supuestamente en los días que les quedaban libres en la tarea de vigilar los artefactos alienígenas de Roswell.

(Ken Thompson, ¿De dónde son los camellos? Creencia…

Un bizarro y efímero fenómeno

La afición de Faulkner por la aviación fue muy temprana. En julio de 1918 partió hacia Toronto para alistarse como piloto cadete en la rama canadiense de la Royal Air Force. Sin embargo el armisticio llegó sin haber concluido el entrenamiento, lo que no le impidió que regresara a su casa de Oxford con uniforme y contando baladronadas acerca de su participación en combates aéreos en los cielos de Alemania. En los años treinta su afición a los aviones se reforzó. Consiguió una licencia de piloto y se compró  un aeroplano de cabina Waco, participando en varias exhibiciones aéreas.
En febrero de 1934 asistió a la ceremonia de inauguración del aeropuerto Sushan, en Nueva Orleans. La experiencioa vivida durante este viaje forma parte del material utilizado para escribir Pylon, publicada en marzo del año siguiente, poco antes de que muriera en accidente aéreo su hermano menor Dean, piloto acrobático.
Pylon es una obra menor dentro de la producción novelística de Faulkner, pero solo en términ…