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Un poema de William Bronk

PENSÉ QUE ERA HARRY

Disculpe. Por un momento pensé que usted era alguien que conozco.
Me suele ocurrir. Una vez en el Teatro de la Plaza
cuando aún estaba en la plaza, volví la cabeza
mientras se encendían las luces y me vi allí con una chica
y otra pareja. Fuera, en el vestíbulo, le miré
y él miró hacia otra parte. Yo no le resultaba conocido.
Bueno, es cosa de dos, como se dice, y de todas maneras
no sé qué hubiera probado. ¿Usted cree que sabemos
quiénes somos? Los niños parece que lo saben. Una vez pregunté
a una niña. Dijo que había estado enferma. Dijo que se veía
diferente y se sentía diferente. Yo dije:
“Tal vez no eras tú. ¿Cómo lo sabes?"
“Oh, sí, era yo”, dijo ella, “sé que lo era.”

Esta parte ya no me preocupa
o al menos no como antes. No soy nadie más
y a fin de cuentas nadie. Todo el resto
lo desconozco. No sé nada.
Me chocó. Pensé que era Harry cuando le vi
y pensé: “Le preguntaré a Harry.” Sin embargo
no creo que él sepa. No es que me confunda.
No quiero decir esto. Si alguien apareciera y dijese:
“Pregúnteme”, no sabría por dónde empezar.
Ni siquiera tengo preguntas. Es la forma en que me desvanezco
como si yo fuera alguien de una foto expuesta a la luz.
Y a medida que el fondo se borra es como si despertásemos
en el crepúsculo equivocado y las cosas se volviesen grises y oscuras
cuando esperábamos que fuesen nítidas. De lo real
cada vez menos. No hay punto fijo. Las preguntas fijan
un punto, como las respuestas. Las cosas se mueven otra vez
y el único lugar a donde ir queda lejos. Estaba equivocado:
Lo que hay que hacer es obviar preguntas y respuestas
y todo lo que aprendemos es cuán sonora es nuestra ignorancia.
Esto es lo que quería hablar con Harry.
Usted se le parece. De todas formas, gracias.

(Traducción: J.O. De Life Supports: New and Selected Poems, 1982).

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