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Un poema de John Berryman

DESPEDIDA COMO DESCENSO

El sol alcanzó lo alto; el taxi corrió.
Había una especie de fiebre en el reloj
Aquella mañana. Llegamos a la estación de Waterloo
Con tiempo de sobra y sin poder encontrar mi vía.

El café amargo en un pequeño bar
Nos dio pie a conversar. Cuando el tren
Comenzó a moverse vi que te alejabas
Y desaparecías, y los vasos sanguíneos en mi cerebro

Estallaron, el tren rugió, los otros viajeros
Brincaron entre las llamas, ardiendo en el aire revuelto
Che si cruccia, oí a los demonios maldecir
Y chillar de alegría en ese lugar más allá de toda plegaria.

(Traducción: J.O.)

Comentarios

  1. Muy buena traduccion.

    Ah, ese loco de John Berryman, en cada linea se tropezaba con la muerte y que en una de esas noches bañadas de dia no soporto mas el anhelo de encontrarse con ella y del puente se avento.

    Este poema, que tan bien ha sido traduccido, refleja, a mi ver, la vida de cualquier hombre al que se le apura la niñes a ser joven, para asi poder explorar. Te enamoras, tomas un buen cafe, por amargo que sea con tu amante a la par debe ser el mejor cafe. SE te ha terminado el amor y te vas en el tren del que nadie se baja, pero que si baja y baja al tormento de las ultimas desdichas de tu final miserable.

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OJOS PRIMITIVOS

     En donde el miedo no cuenta cuentos y poemas, no forma figuras de terror y de gloria.

     Vacío gris es mi nombre, mi pronombre.

     Conozco la gama de los miedos y ese comenzar a cantar despacito en el desfiladero que reconduce hacia mi desconocida que soy, mi emigrante de sí.

     Escribo contra el miedo. Contra el viento con garras que se aloja en mi respiración.

     Y cuando por la mañana temes encontrarte muerta (y que no haya más imágenes): el silencio de la comprensión, el silencio del mero estar, en esto se van los años, en esto se fue la bella alegría animal.

(Alejandra Pizarnik, Nombres y figuras, Picazo, Barcelona, 1969).

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(Duelo en el barro, 1959, de Richard Fleischer. Guion de Alfred Hayes y A. B. Guthrie).

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FINAL

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