Ir al contenido principal

Doris Lessing

Le han dado el Premio Nobel de Literatura a Doris Lessing. El jurado sueco ha resaltado "su épica narrativa de la experiencia femenina, que con escepticismo, pasión y poder visionario ha sometido a examen una civilización desunida". Vale, muy bien. Confieso que la he leído muy poco, y lo que he leído no me ha entusiasmado. Sin quitarle méritos, tengo la impresión de que su figura está sobrevalorada por razones extraliterarias. Ser un icono del feminismo tiene su importancia y peso en nuestra época.
Doris Lessing quedó encantada al recibir un premio tan glamouroso (son sus palabras), y las opiniones de colegas y críticos han sido en general positivas, salvo los aguafiestas de costumbre como Reich-Ranicki. Cristina Peri Rossi ha declarado: "Una de las mujeres más destacadas del siglo XX"; Rosa Montero remacha:"Un faro para las escritoras de varias generaciones"; y Marta Pessarrodona no se queda atrás: "La escritora hace un favor al premio Nobel". Nada más y nada menos.
A mí, sinceramente, Doris Lessing me parece una aceptable escritora de segunda fila. Ojo: ser un escritor de segunda fila no es ningún desdoro, máxime cuando la primera lleva ocupada desde hace mucho tiempo. (A su compatriota Frank Swinnerton una vez un crítico le relegó a la segunda fila. Lejos de tomárselo por la tremenda, Swinnerton le agradeció al crítico la condescendencia, pues él siempre se había considerado de tercera. Por cierto, si tienen ocasión lean su novela Nocturne: una pequeña joya olvidada).
Cuando hablamos de los nobelados siempre salen a relucir aquellos autores que, con más méritos que otros, nunca se lo dieron. Nombres, a discreción. Sin ir más lejos, viendo la lista de los 15 principales escritores en catalán según la encuesta aparecida hace poco en Babelia, encuentro en ella algunos nombres -Pla, Foix, Rodoreda o Villalonga- que bien lo merecían, a pesar de escribir en una lengua minoritaria. (En passant, no desesperes Gimferrer). Pero, en fin, todo esto no son sino meras especulaciones. Todos los premios literarios son discutibles, y en especial el Nobel. Hablar de él para disentir o estar de acuerdo es una forma inocua de pasar el rato que nos brinda la Academia sueca cada año.

Comentarios

Entradas populares

Un milagro de san Salvador de Horta

"Dos casados vizcaínos traxeron desde aquel reino a Horta una hija, que era sorda y muda de nacimiento; y poniéndola a los pies del venerable Fray Salvador, les dixo que estuviesen ocho días en la Iglesia orando a Nuestra Señora, y que después hablaría la muchacha. Pasados quatro días habló, pero en lengua catalana, conformándose con el idioma del territorio en que estaba. Entonces viendo hablar a la muda gritaron todos: Milagro, milagro. Pero sus padres como no entendían aquella lengua estaban descontentos, y levantando la voz decían que ellos no querían, ni pedían, que hablase su hija lengua catalana, sino vizcaína; y fueron a Fray Salvador, que le quitase la lengua catalana y le diese la vizcaína. Él les respondió: Vosotros proseguid la oración de los ocho días, que yo también continuaré la mía. Y cumplidos los ocho días, delante de los muchos que concurrieron a ver la novedad, dixo: Amigo, la Virgen Santísima quiere que la niña hable catalán mientras esté en el reino de Catal…

Un poema de Muntañola

La noche es un árbol turbio que se enrreda en el árbol, es antracita antigua quemando la luz, es la piel más arcana del aire. El árbol lo sabe. Él bebe la noche.

(Esther Muntañola, Árbol. Ediciones Tigre de Papel, 2018).

De Anaïs Nin a Nicolás Guillén, con un interludio musical.

En los diarios tempranos de Anaïs Nin, escritos en los años veinte, el apellido Madriguera aparece en varias ocasiones. Paquita y Enric Madriguera eran dos hermanos catalanes, músicos precoces y amigos del compositor hispanocubano Joaquín Nin Castellanos, padre de Anaïs y de Joaquín Nin-Culmell, compositor como su padre. Ambos se alojaron en varias ocasiones en casa de Anaïs. Paquita fue una reconocida pianista, que más tarde se casaría con el guitarrista Andrés Segovia. Enric era violinista y tras empezar una prometedora carrera como intérprete clásico, al llegar Estados Unidos se pasó a la música moderna con gran éxito. Al frente de su banda se hizo famoso como compositor de canciones y bailables de ritmos latinoamericanos, compitiendo en este ámbito con su compatriota Xavier Cugat. El figuerense había empezado su carrera profesional en La Habana, donde se había criado y formado también como violinista.
Una de las canciones más recordadas de Enric Madriguera es "Adiós", co…