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¿Cuestión de cantidad?

Es frecuente oir, por boca de lectores y escritores, que se editan demasiados libros. Creo que la cantidad no es, en principio, el verdadero problema. El problema, al menos para algunos, radica en el elevado número de libros inútiles, prescindibles, que copan escaparates y estanterías de las librerías y ocultan a los que realmente valen la pena. De acuerdo, pero ¿quién se encarga de separar unos de otros? Además, hay una cuestión de percepción. Los lectores pueden sentirse agobiados ante el alud interminable de novedades, aunque de hecho apenas compren libros. El escritor, o aspirante a escritor, que no logra que le publiquen su libro puede tener la sensación de que los demás publican demasiado. Por otro lado tengo observado que muchos de los escritores que se quejan del excesivo número de libros son precisamente los que más libros sacan al mercado. A todo esto, ¿alguien sabe el número idóneo de libros que debería publicarse al año?

Comentarios

  1. Es evidente que no, salvo quizá alguno que sólo quiera que se publiquen sus libros, prescindiendo de los libros ajenos. Das en la diana: siempre me ha parecido que semejante argumento tenía mucho que ver con una cierta postura fundamentalista de ver la cuestión.
    Saludos.

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Un poema de Iglesias Díez

FINAL

Cuando el amor solo sea
un haz de quebradas luces,
entre tus dedos seguiré siendo
ceniza de Luna.

(Carlos Iglesias Díez, Pájaro herido. Bajamar Editores, 2018).

Nadie acaba como empieza

Harold J. Stone: Recuerda que las personas cambian.
Don Murray: ¿Por qué?
Harold J. Stone: Los hombres, las mujeres, los juegos de cartas, los amigos en quien confías... Todos. Nadie acaba como empieza.

(Duelo en el barro, 1959, de Richard Fleischer. Guion de Alfred Hayes y A. B. Guthrie).

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OJOS PRIMITIVOS

     En donde el miedo no cuenta cuentos y poemas, no forma figuras de terror y de gloria.

     Vacío gris es mi nombre, mi pronombre.

     Conozco la gama de los miedos y ese comenzar a cantar despacito en el desfiladero que reconduce hacia mi desconocida que soy, mi emigrante de sí.

     Escribo contra el miedo. Contra el viento con garras que se aloja en mi respiración.

     Y cuando por la mañana temes encontrarte muerta (y que no haya más imágenes): el silencio de la comprensión, el silencio del mero estar, en esto se van los años, en esto se fue la bella alegría animal.

(Alejandra Pizarnik, Nombres y figuras, Picazo, Barcelona, 1969).