Ir al contenido principal

Agassiz

Se cumple este año el bicentenario del nacimiento de Jean Louis Rodolphe Agassiz (1807-1873), uno de los más destacados naturalistas del siglo XIX. Nacido en Friburgo (Suiza), fue discípulo de Humboldt y Cuvier, dedicándose principalmente a la paleontología (en especial al estudio de los peces fósiles) y a la geología. Sin duda su mayor y más decisiva contribución a la ciencia fue la de haber puesto de manifiesto que la Tierra había pasado por una gran glaciación o “edad de hielo”. Al principio muchos científicos se mostraron reticentes con la Eiszeit, pero gracias a su perseverancia y a sus argumentos acabaron por aceptar la teoría. A partir de entonces, paisajes montañosos con bloques erráticos, estriaciones en las rocas, morrenas y valles en forma de U, se empezaron a ver en Europa y Norteamérica bajo el prisma de antiguos e imponentes glaciares. Pero él también tenía sus propias reticencias. Respecto a la creación y propagación de las especies nunca estuvo de acuerdo con Darwin y combatió el evolucionismo hasta el fin de sus días, a veces con tintes trágicos.
En 1846 Agassiz se trasladó a Estados Unidos para dar una serie de conferencias. Le gustó y se quedó a vivir allí. Al año siguiente obtuvo una plaza de profesor en la Universidad de Harvard. Su magisterio fue crucial para el desarrollo de las ciencias naturales en aquel país. Sus métodos de enseñanza, basados en la claridad de ideas y en la meticulosa observación y descripción de los hechos influyeron en sus numerosos discípulos. A sus alumnos les decía: "Id a la Naturaleza, tomad los hechos con vuestras propias manos; mirad, y ved por vosotros mismos". Sabía que la habilidad para combinar hechos es un don mucho más raro que el de discernirlos. Miembro del Saturday Club su círculo de amistades comprendía a algunas de las más relevantes figuras intelectuales de Nueva Inglaterra: Russell Lowell, William James, Longfellow, Wendell Holmes… Thoreau se carteaba con él y le mandaba desde Concord ejemplares de tortugas y serpientes para su Museo de Zoología Comparada. Su gran obra del período americano es Contributions to the Natural History of the United States (1857-1862), en cuatro volúmenes..
Escribió en francés, alemán y latín. El inglés lo aprendió tarde, pero acabó dominándolo. Su impronta en la cultura norteamericana es innegable, no solo el campo científico sino también en el humanístico. Marianne Moore y Ezra Pound, entre otros, no ocultaron su aprecio por Agassiz y su exactitu en la expresión. Pound lo colocó, en los Cantos, al lado de otros dos admirados autores: “Out of von Humboldt: Agassiz, Del Mar and Frobenius”. Guy Davenport, en su libro The Geography of the Imagination (1981), tiene un espléndido ensayo sobre Louis Agassiz. Cinco palabras le bastan para resumir su potente personalidad: erudición, imaginación, energía, intelecto y buen natural.

Comentarios

  1. Hola Jorge,

    Un placer encontrar tu blog por, al menos tres motivos:

    1. Cruzarse uno con una persona Real.

    2. Que esta persona sea autor de uno de los pocos libros que yo compré durante mi carrera. Estudié biológicas en Oviedo (75-80).

    3. Que tengas un post sobre Agassiz, una personalidad fabulosa y además antidarwinista como yo,


    Un saludo y pégame una visita cuando tengas un minuto. Por cierto, todavá no leí entero el Gabinete, aunque reconozco que aquellos no eran años para leer, me gustó la idea. Los tiempos estaban entonces para otras cosas como ir a ver pelis al Palladium,....

    ResponderEliminar
  2. Gracias, amigo Cervantes,por tus comentarios, y por acordarte, al cabo de los años, del "Gabinete". He entrado en tus blogs "biológicos" y ya los he incluido entre mis favoritos: contenidos de altura (de los que hacen reflexionar) y magníficamente ilustrados. Saludos.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares

Escribir o no escribir

Por lo tanto, escribir que se querría escribir, ya es escribir. Escribir que no se puede escribir, también es escribir. Una manera como cualquier otra de llevar a cabo el vuelco que da pie a tantos propósitos audaces: hacer de lo periférico el centro, de lo accesorio lo esencial y de la arenilla la piedra angular. Sabía por lo tanto lo que tenía que hacer: dar una especie de golpe de mano mediante el cual había que conseguir otorgar una existencia ficticia a unos libros que no existen realmente y, gracias a ello, conferir una existencia real al libro que trata de esos libros ficticios. Un proceder en suma que se asemeja al que conduce al cogito cartesiano: en el momento preciso de dar fe de mi ineptitud para la escritura me descubría a mí mismo escritor, y de la ausencia de mis obras fallidas se nutriría éste. Hermoso ejemplo de esa estrategia del quien-pierde-gana, de esa proeza dialéctica que convierte una acumulación de fracasos en un camino hacia el éxito. ¡No será que no nos han…

Luciérnagas en la noche

Eric Chapman contempló la esfera de su reloj de pulsera.
Se incorporó paseando por el amplio despacho. Se aproximó al ventanal. Desde allí se apreciaba una panorámica de la ciudad de Los Ángeles. Era como un gigante devorado por luciérnagas. Los destelleantes luminosos de neón dominaban la oscuridad de la noche.

(Adam Surray, El caso del cadáver secuestrado. Editorial Bruguera, 1982).

Políticos mejores y peores

P. ¿Queres decir que toda política es un juego sucio y que se la debería dejar en manos de los sinvergüenzas? ¿Te unes a la banda de los que dicen que el mundo sólo de salvará por un cambio del corazón? ¿Es eso?

R. No. Sólo digo que hoy los políticos dependen del apoyo de las masas, y que en consecuencia son representativos del hombre medio de su país y de su tiempo, a veces un poco mejores, a veces algo peores. Si fueran mucho mejores o mucho peores, no tendrían éxito, porque jamás serían aceptados por las masas (...) Esto significa que si estás muy por encima de la media en comprensión y sensibilidad, es probable que no seas capaz de hacer mucho políticamente, en el sentido estricto de la palabra, porque no tardarás en verte obligado a hacer cosas en las que realmente no crees, lo que significa que en la práctica fallarás, pues es imposible hacer bien algo si no se cree totalmente en lo que se está haciendo...

(W. H. Auden, El prolífico y el devorador. Traducción de Horacio Vázquez…