Ir al contenido principal

Un poema de Kenneth Koch

TÚ LLEVABAS PUESTA

Llevabas puesta tu blusa Edgar Allan Poe de algodón estampado. En cada cuadrado en que se dividía la blusa había un retrato de Edgar Allan Poe. Tu cabello era rubio y estabas guapa. Me preguntaste: “¿La mayoría de los chicos creen que casi todas las chicas son malas? Sentí el olor de moho de tu habitación del hotel de la playa en tu cabello bien sujetado por un clip John Greenleaf Whittier. “No”, dije, “son las chicas las que creen que los chicos son malos”. Después leímos juntos Snowbound.

Dimos vueltas por el desván, hasta el punto que un poco del charol azul de mis zapatos George Washington, Padre de su Patria, quedó rascado. La madre se paseaba en el cuarto de estar, con su peine Valses de Strauss en el pelo. Esperamos un poco y luego nos unimos a ella, sólo para tomar el té en tazas pintadas con retratos de Herman Melville. También con ilustraciones de su libro Moby Dick y de su relato Benito Cereno.

Entró el padre con su corbata Dick Tracy: “¿Qué tal hace un trago, todos? Yo dije: “Salgamos fuera un rato”. Entonces fuimos hasta el porche y nos sentamos en un sofá-columpio Abraham Lincoln. Tú te sentaste sobre los ojos, boca, y parte de la barba, y yo sobre las rodillas.

En el patio al otro lado de la calle había un muñeco de nieve sosteniendo una tapa de cubo de basura aplastada como si fuera el rey inglés loco, Jorge III.


(Versión en prosa: J.O.)

Comentarios

Entradas populares

Un poema de Iglesias Díez

FINAL

Cuando el amor solo sea
un haz de quebradas luces,
entre tus dedos seguiré siendo
ceniza de Luna.

(Carlos Iglesias Díez, Pájaro herido. Bajamar Editores, 2018).

Nadie acaba como empieza

Harold J. Stone: Recuerda que las personas cambian.
Don Murray: ¿Por qué?
Harold J. Stone: Los hombres, las mujeres, los juegos de cartas, los amigos en quien confías... Todos. Nadie acaba como empieza.

(Duelo en el barro, 1959, de Richard Fleischer. Guion de Alfred Hayes y A. B. Guthrie).

Un poema de Pizarnik

OJOS PRIMITIVOS

     En donde el miedo no cuenta cuentos y poemas, no forma figuras de terror y de gloria.

     Vacío gris es mi nombre, mi pronombre.

     Conozco la gama de los miedos y ese comenzar a cantar despacito en el desfiladero que reconduce hacia mi desconocida que soy, mi emigrante de sí.

     Escribo contra el miedo. Contra el viento con garras que se aloja en mi respiración.

     Y cuando por la mañana temes encontrarte muerta (y que no haya más imágenes): el silencio de la comprensión, el silencio del mero estar, en esto se van los años, en esto se fue la bella alegría animal.

(Alejandra Pizarnik, Nombres y figuras, Picazo, Barcelona, 1969).