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Era victoriana

Hay pocos escritores capaces de describir una época entera en unas pocas líneas. Lytton Strachey es uno de ellos. Véase, por ejemplo, la descripción que hace, en un solo párrafo, de la era victoriana en Retratos en miniatura ( 1931):
"Una edad de barbarie y orgullo, de nobleza y vulgaridad, de satisfacción y desesperación; una edad en la que se descubrió todo, y no se supo nada; una edad en la que las líneas maestras eran espléndidas, y los detalles sórdidos; en la que las lámparas de gas luchaban contra la niebla del ambiente, cuando la hora de la cena podía ser cualquier momento entre las dos y las seis, cuando las dosis de ruibarbo eran continuas y gigantescas, cuando los perros de compañía se arrojaban desde las ventanas de los pisos superiores, cuando las cocineras daban traspiés de borrachera en el semisótano, cuando había que sentarse durante horas con los pies llenos de paja sucia que arrastraban los caballos por las calles, cuando había un paño para evitar las manchas en todos los sillones, y los baños eran diminutos barreños, y las camas estaban llenas de piojos y desastres."

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Políticos mejores y peores

P. ¿Queres decir que toda política es un juego sucio y que se la debería dejar en manos de los sinvergüenzas? ¿Te unes a la banda de los que dicen que el mundo sólo de salvará por un cambio del corazón? ¿Es eso?

R. No. Sólo digo que hoy los políticos dependen del apoyo de las masas, y que en consecuencia son representativos del hombre medio de su país y de su tiempo, a veces un poco mejores, a veces algo peores. Si fueran mucho mejores o mucho peores, no tendrían éxito, porque jamás serían aceptados por las masas (...) Esto significa que si estás muy por encima de la media en comprensión y sensibilidad, es probable que no seas capaz de hacer mucho políticamente, en el sentido estricto de la palabra, porque no tardarás en verte obligado a hacer cosas en las que realmente no crees, lo que significa que en la práctica fallarás, pues es imposible hacer bien algo si no se cree totalmente en lo que se está haciendo...

(W. H. Auden, El prolífico y el devorador. Traducción de Horacio Vázquez…

El Centauro

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De Anaïs Nin a Nicolás Guillén, con un interludio musical.

En los diarios tempranos de Anaïs Nin, escritos en los años veinte, el apellido Madriguera aparece en varias ocasiones. Paquita y Enric Madriguera eran dos hermanos catalanes, músicos precoces y amigos del compositor hispanocubano Joaquín Nin Castellanos, padre de Anaïs y de Joaquín Nin-Culmell, compositor como su padre. Ambos se alojaron en varias ocasiones en casa de Anaïs. Paquita fue una reconocida pianista, que más tarde se casaría con el guitarrista Andrés Segovia. Enric era violinista y tras empezar una prometedora carrera como intérprete clásico, al llegar Estados Unidos se pasó a la música moderna con gran éxito. Al frente de su banda se hizo famoso como compositor de canciones y bailables de ritmos latinoamericanos, compitiendo en este ámbito con su compatriota Xavier Cugat. El figuerense había empezado su carrera profesional en La Habana, donde se había criado y formado también como violinista.
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