Era victoriana

Hay pocos escritores capaces de describir una época entera en unas pocas líneas. Lytton Strachey es uno de ellos. Véase, por ejemplo, la descripción que hace, en un solo párrafo, de la era victoriana en Retratos en miniatura ( 1931):
"Una edad de barbarie y orgullo, de nobleza y vulgaridad, de satisfacción y desesperación; una edad en la que se descubrió todo, y no se supo nada; una edad en la que las líneas maestras eran espléndidas, y los detalles sórdidos; en la que las lámparas de gas luchaban contra la niebla del ambiente, cuando la hora de la cena podía ser cualquier momento entre las dos y las seis, cuando las dosis de ruibarbo eran continuas y gigantescas, cuando los perros de compañía se arrojaban desde las ventanas de los pisos superiores, cuando las cocineras daban traspiés de borrachera en el semisótano, cuando había que sentarse durante horas con los pies llenos de paja sucia que arrastraban los caballos por las calles, cuando había un paño para evitar las manchas en todos los sillones, y los baños eran diminutos barreños, y las camas estaban llenas de piojos y desastres."

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