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Pure noir (III)

Aunque en nuestra mente asociamos todo lo que induce al miedo, tal vez con razón, a lo osuro y a lo tenebroso, a lo disonante y a lo desabrido -los golpes sin piedad, los hedores de la podredumbre-, las experiencias más terribles se dan a menudo desprovistas de estas propiedades melodramáticas. Las palabras "te quiero", pronunciadas en una terraza que baña el sol en un día jubiloso, bien pueden cimentar una traición. La distraída gratificación de un impulso, concebido en pleno éxtasis de los sentidos, puede encerrar el amargo fruto de la desgracia.

(Palabras preliminares de El final de Philip Banter (1947), de John Franklin Bardin).

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Un poema de Iglesias Díez

FINAL

Cuando el amor solo sea
un haz de quebradas luces,
entre tus dedos seguiré siendo
ceniza de Luna.

(Carlos Iglesias Díez, Pájaro herido. Bajamar Editores, 2018).

Nadie acaba como empieza

Harold J. Stone: Recuerda que las personas cambian.
Don Murray: ¿Por qué?
Harold J. Stone: Los hombres, las mujeres, los juegos de cartas, los amigos en quien confías... Todos. Nadie acaba como empieza.

(Duelo en el barro, 1959, de Richard Fleischer. Guion de Alfred Hayes y A. B. Guthrie).

Un poema de Pizarnik

OJOS PRIMITIVOS

     En donde el miedo no cuenta cuentos y poemas, no forma figuras de terror y de gloria.

     Vacío gris es mi nombre, mi pronombre.

     Conozco la gama de los miedos y ese comenzar a cantar despacito en el desfiladero que reconduce hacia mi desconocida que soy, mi emigrante de sí.

     Escribo contra el miedo. Contra el viento con garras que se aloja en mi respiración.

     Y cuando por la mañana temes encontrarte muerta (y que no haya más imágenes): el silencio de la comprensión, el silencio del mero estar, en esto se van los años, en esto se fue la bella alegría animal.

(Alejandra Pizarnik, Nombres y figuras, Picazo, Barcelona, 1969).