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El infierno de Fante

En La biblioteca de los libros perdidos, de Stuart Kelly, se nos habla de libros inacabados, o que se han perdido, fueron destruidos, se extraviaron... La lista que presenta Kelly es larga y forma en sí misma una sugerente y nada desdeñable biblioteca fantasma de libros inexistentes. Por supuesto no es completa, ni puede serlo. Están los más conocidos, pero faltan algunos. Por ejemplo, el siguiente.
En la mañana del 10 de marzo de 1933, un terremoto de magnitud 6.3 en la escala Richter se sintió en Los Angeles, California. El seísmo fue especialmente virulento en el área de Long Beach. Numerosos edificios cayeron o sufrieron desperfectos. Murieron más de cien personas. El vecino John Fante, de 23 años, salvó la vida, pero no pudo salvar el manuscrito de Mater dolorosa, la novela que estaba escribiendo. La casa donde vivía se incendió y el original mecanografiado desapareció entre los escombros. Tres meses de esfuerzo y casi sesenta mil palabras se evaporaron para siempre. El damnificado escritor italoamericano desistió de reescribir la novela perdida. Desgraciadamente no sabemos cómo pudo haber sido Mater dolorosa, pero sí sabemos cómo es la nueva novela que comenzó a escribir: Pregúntale al polvo; y me parece que salimos ganando.

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Nuevo libro

"Este texto es la historia del reencuentro con un autor que me ha acompañado con intermitencias durante cincuenta años, y cuya vida, personalidad y obra literaria me resultan especialmente fascinantes. Pero no es solo eso. En cierta forma Prokosch también es el pretexto para hablar de escritura y libros. Del oficio de escritor. Del éxito y del fracaso. De críticas y rechazos. De realidad y ficción. Del azar. De máscaras. Esto es, de vida y literatura."


Cuando se apaga la luz

"Ningún hombre es listo cuando una mujer apaga la luz".

(Barry Sullivan en Mujer inteligente, 1948, de Edward A. Blatt. Guion de Alvah Bessie y otros).

Diálogo entre un tirano y un poeta en torno a la literatura

-Bueno, a ver, ¿qué haces?
-Perdona, Schiavón, estaba pensando en voz alta.
-No, si por mí, puedes seguir.
-Le daba vueltas a la retórica.
-¿...?
-Es que yo entiendo que la literatura -y creo que todo es literatura- se nutre de tres componentes que, por orden de importancia, son: la retórica, la sensibilidad y la inteligencia.
-Desmenuza, por favor.
-Entiendo por retórica el dominio del lenguaje; por sensibiliodad, la capacidad de sorprenderse y fabular; por inteligencia el saber ordenar lo escrito.
-Arnaldo..., me da la sensación de que todos los que habláis de literatura decís excactamente lo mismo.
-Siempre se dice lo mismo.
-Entonces, ¿por qué estamos perdiendo el tiempo?
-Tú no ganas ni pierdes el tiempo.
-Bueno, era una forma de expresarme.
-Exactamente..., como todo. La literatura es el catálogo de las formas de expresarse.
-Luego... ¿todas las obras dicen lo mismo?
-Se diferencian en el número de palabras que necesitan para decirlo y en el orden que se establece entre ellas.