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Presentación de Ricardo Menéndez Salmón

Hace unos días inauguré mi particular homenaje a Joseph Conrad –este año se celebran los 150 de su nacimiento- leyendo una vez más este magnífico manifiesto literario que es el Prefacio de la novela El negro del “Narcissus”. En la primera frase del mismo escribe Conrad: “Una obra que aspire, por humildemente que sea, a la condición de arte debe llevar su justificación en cada línea.”
Inmediatamente me acordé de Ricardo Menéndez Salmón.
Yo acababa de terminar La Ofensa, su última novela, y pensé que tal vez su autor hubiese tenido en cuenta este consejo en el momento de escribirla. En efecto, La Ofensa es una obra en la que se trasluce en cada frase, en cada línea, una férrea voluntad de estilo, una honesta aspiración a alcanzar la obra bien hecha, de modo que el logro final no es sino la suma de muchos otros pequeños logros. Con esta espléndida obra, editada por Seix Barral, Ricardo Menéndez Salmón ha empezado a ser conocido y reconocido en lo que algunos llaman, un tanto pomposamente, el “ámbito nacional”. Pero este reconocimiento no es fruto de la casualidad ni de la mera fortuna. Antes de que Ricardo fuera “descubierto” fuera de Asturias, ya era un escritor apreciado entre nosotros por el rigor, la precisión y la coherencia de su escritura.
Nacido en Gijón en 1971, Ricardo Menéndez Salmón se licenció en Filosofía por la universidad de Oviedo. Es columnista del diario El Comercio, coordinador de la revista El Norte de los Libros y codirector de dos colecciones de la editorial KRK, donde trabaja actualmente. Ha publicado dos libros de poesía: La soledad del grumete y Kavafis vierte lágrimas arcádicas; y dos libros de relatos: Los desposeídos, premio Asturias Joven de Narrativa 1996, y Los caballos azules, premio de la Crítica de Asturias de Narrativa 2006, y cuyo relato homónimo mereció el premio Juan Rulfo en su edición de 2003, otorgado por el Instituto de México en París y Radio Francia Internacional. Menéndez Salmón también ha escrito una obra de teatro: Las apologías de Sócrates, premio Asturias Joven de Textos Teatrales 1999, y de cuyo jurado, por cierto, tuve el honor de formar parte.
El grueso de su producción, sin embargo, pertenece al género novelístico, habiendo dado a la imprenta cinco títulos: La filosofía en invierno, 1999; Panóptico, 2001; Los arrebatados, 2003; La noche feroz, premio Casino de Mieres, 2006; y, finalmente, La ofensa, aparecida hace poco más de un mes y que ya va por la tercera edición. Sin duda es ésta última obra, como he señalado, la que ha permitido a un público más amplio conocer las cualidades literarias de Menéndez Salmón, a la par que lo ha consagrado como el autor revelación de la temporada. Intensa, poderosa, conmovedora, elegante…son algunos calificativos con los que ha sido obsequiada esta novela por parte de los más prestigiosos críticos del país. En cualquier caso, y más allá del momento feliz y fugaz de los halagos, queda la obra. Una obra que, sin duda, perdurará en la memoria de los lectores. Y esto, en literatura, es lo que de verdad importa.
Ricardo Menéndez Salmón entiende la escritura con un elevado nivel de exigencia, compatible con la comercialidad. Una exigencia que se revela en cada página de sus obras y que hace que éstas posean siempre un peso específico y una trascendencia difíciles de encontrar hoy en día, cuando lo más frecuente es toparse con textos triviales, acomodaticios y mal escritos que únicamente persiguen el éxito de ventas. A este respecto, Menéndez Salmón declaraba hace algún tiempo en una entrevista: “Pienso que el mal básico que, hoy en día, aqueja a la literatura deriva del excesivo número de libros que se publican y de la mercantilización de la palabra escrita. Hay muchísimos libros banales, y por banal no me refiero a los temas que se abordan, pues se puede cambiar la historia de la literatura hablando de un insecto, sino a que hay mucha gente que no tiene nada que contar, pero así y todo escribe y, lo que es peor, es publicada y leída.”
No es este el caso de Ricardo que, desde un principio ha tenido muy claro lo que quería contar y cómo hacerlo. Sabedor de que los grandes autores son los mejores maestros, su obra se nutre, como no podía ser menos, de múltiples referencias literarias y selectas lecturas bien aprovechadas. De algunos de estos autores y de estas lecturas –Conrad, Céline, Bolaño-, nos va a hablar Ricardo Menéndez Salmón enseguida en su conferencia, y no me cabe duda de que sus explicaciones nos ayudarán a comprender mejor tanto al escritor como a su obra.
Dispongámonos, pues, sin más preámbulos, a escuchar sus palabras.
Muchas gracias.

(Presentación de la conferencia "Travesías del mal: Conrad, Céline, Bolaño", por Ricardo Menéndez Salmón. Aula Magna de la Universidad de Oviedo, 23 de febrero de 2007)

Comentarios

  1. Supe de la conferencia por LNE -lamentablemente en la reseña posterior a la misma y no en su anuncio previo, por lo que me alegra especialmente leer ahora en su blog la presentación que Vd. hizo en ella del autor-. He leído recientemente tanto La noche feroz como La ofensa -y releído el poemario Kavafis vierte lágrimas arcádicas-. Las novelas, sobremanera, me han parecido magníficas. Por eso hice reseñas de ambas en mi bitácora. Coincido con Vd. y hago mías sus palabras -descarado pirateo: llame ya a la SGAE- en cuanto a que en la obra de Salmón se aprecia una férrea voluntad de estilo, una honesta aspiración a alcanzar la obra bien hecha, mucho rigor, precisión y coherencia.
    Un cordial saludo.

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  2. Dado que no soy muy mitómano (y sí despistado) he pasado por alto el sesquicentenario de Conrad. Pero, de forma totalmente casual, tengo encima de la mesa donde acumulo novedades y relecturas tengo La línea de sombra. Cuando la coloqué ahí pensaba en hincarle, otra vez, el diente, pronto. Ahora pienso que quizá vuelva a la lectura de algunas otras cosas suyas.

    Gracias por su enlace.

    Saludos cordiales.

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  3. Sobre Conrad habrá más comentarios a lo largo del año. De momento lo mejor será leerlo y releerlo.

    (Saludos diarios de rayuela y fpc. Y, por favor, tuteadme).

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