Ir al contenido principal

Perlas de Peralta

Lima fundada o conquista del Perú es un larguísimo poema heroico del erudito peruano Pedro de Peralta Barnuevo (1663-1743), publicado en 1732. Según datos proporcionados por el estudioso Luis Alberto Sánchez en su obra El Doctor Océano (1967), el autor criollo tardó "menos de un año en escribir más de mil doscientas octavas, o sea cerca de diez mil versos, a lo que se deben añadir las notas marginales, cuyo caudal excede al de los versos. Si cada verso supone un promedio de seis palabras tendríamos un estimado de sesenta mil palabras métricas y no menos de cien mil en prosa, es decir, un total de ciento sesenta mil palabras escritas (sin contar las otras empresas en que se hallaba ocupado Peralta) en alrededor de cuatrocientos cincuenta días, o sea un promedio de trescientas cincuenta palabras en prosa y verso al día, más la investigación comprobatoria indispensable, jornada no despreciable, dada la calidad de la obra, aunque tampoco reveladora de ninguna urgencia excesiva. Como escritor avezado, Peralta estaba en capacidad de pondre son oeuf cotidiano y aletear en seguida hacia numerosas obligaciones."
Este ambicioso poema, hoy en día ilegible, contiene sin embargo pasajes de valía y algunos versos memorables; pero el descomedido fárrago barroco, de cariz gongorino, abruma y fatiga demasiado. En su monografía sobre el vate peruano, el señor Sánchez tiene la delicadeza de darnos a conocer algunas muestras de dicho poema. Por ejemplo, este bello pareado con el que remata la octava LXXIII, del Canto I:

Les sopló en sus incógnitas arenas
Por rumbos de dolor, vientos de penas.

O estos otros dos del Canto VII, octava CCVI:

Saltando riscos, caminando abrojos,
cumbres subiendo a ver el pie ligero

O este solo verso del canto VI, octava XXIX:

que con notas de noche el día infama.

Pequeñas auténticas joyas en un mar de abalorios.

Comentarios

Entradas populares

Criterion

  Sin lugar a dudas, The Criterion , fundado y editado por T. S. Eliot en 1922, es una de las mejores revistas literarias británicas del siglo XX. La nómina de colaboradores que tuvo este magazine trimestral, hasta su último número publicado en 1939, conforma un catálogo bastante representativo de lo más granado de la intelectualidad, no solo británica, del período de entreguerras. En sus páginas escribieron luminarias como Pound, Yeats, Proust o Valéry, por citar solo cuatro.   El primer número de The Criterion , salido en octubre de aquel annus mirabilis , es realmente impactante y marca el sello característico de su editor, expresado a través de sus "Commentary"; a saber, la compatibilidad entre una ideología ideología católica y conservadora y una defensa a ultranza de la vanguardia modernista. En este ya mítico número 1, se incluye, por ejemplo, la primera aparición en letra impresa de The Waste Land de Eliot, y la crítica encomiástica de Valéry Larbaud del Ulises, de

Escritura y moral

  La primera obligación de un escritor es tratar todos los temas con la más elevada, la más digna y la más valiente de las disposiciones (...) El espíritu con el que se aborda un tema, un ingrediente relevante en cualquier tipo de literatura, es de absoluta importancia si hablamos de obras de ficción, reflexión o poesía, pues ahí no solo da color, sino que de por sí elige los hechos; no solo modifica, sino que conforma a la obra (...) No rechazamos una obra maestra aunque estemos preparados para detectar sus defectos; sobre todo, no nos preocupa encontrar sus defectos, sino sus méritos: Por supuesto no hay libro perfecto, ni siquiera en su concepción, pero no hay duda de que hay muchos que hacen disfrutar al lector, que le hacen mejorar en su vida o que le levantan el espíritu (...) En literatura, como en todo lo que hacemos, nunca podemos esperar la perfección. Lo único que cabe es hacer todo lo posible  porque así sea, y para ello solo hay una regla: lo que pueda hacerse despacio no

Un poema de David González

  David González (1964-2023)   PESADILLAS   últimamente mis sueños suelen ser auténticas pesadillas   mejor así:   no me asusto tanto al despertar.  (David González, Sembrando hogueras . Bartleby, 2001)