Ir al contenido principal

Unas palabras sobre Eduardo Mendoza

Intuyo que si he sido invitado a presentar esta charla de Eduardo Mendoza es por algunas circunstancias más producto del azar que de méritos propios. En efecto, los dos hemos nacido en la misma ciudad, Barcelona; en la misma época, años cuarenta; y los dos –salvando las distancias- somos escritores. Habría que añadir a estas coincidencias otra más de la que me he enterado hace muy poco, leyendo el libro de Llàtzer Moix Mundo Mendoza, y cuya lectura recomiendo vivamente: Ambos fuimos al mismo colegio, “La Inmaculada” de los Hermanos Maristas, en el Paseo de San Juan de Barcelona. Mendoza entró en él en 1950 y salió en 1960; yo entré un año después y salí también al cabo de diez años. De modo que nos hicimos merecedores de la medalla de permanencia que daban los hermanos a aquellos alumnos que resistían una década bajo su férula. Imagino, también, que alguna vez, a lo largo de aquellos años, y a pesar de ir a cursos distintos, debimos cruzarnos o incluso tropezarnos Mendoza y yo, bien a la salida o la entrada del colegio o tal vez en el patio a la hora del recreo. Es probable. Pero lo cierto es que nos hemos conocido hace apenas una hora.
Hacer la presentación de Eduardo Mendoza resulta relativamente cómodo por cuanto es uno de los escritores actuales más conocidos y de obra más leída, lo que exime al presentador de recordar innecesarios datos bio-bibliográficos. Supongo que todos ustedes habrán leído alguna de las novelas, si no todas, que ha ido sacando Mendoza, desde la primera, La verdad sobre el caso Savolta, publicada en 1975; hasta la más reciente, Mauricio o las elecciones primarias, del año pasado. En este período ha publicado nueve novelas –entre las que hay que destacar la portentosa La ciudad de los prodigios, de 1986- , pero también ha escrito cuentos, folletines para prensa –como Sin noticias de Gurb-, ensayos, tres obras de teatro (en catalán), traducciones, artículos periodísticos, etc.
De sus novelas ha vendido cientos de miles de ejemplares; ha sido traducido a una veintena de lenguas; le han otorgado premios tanto fuera como dentro de nuestro país, entre ellos el de la Crítica y el Ciudad de Barcelona; es objeto de estudios académicos y lectura obligatoria en no pocos colegios e institutos. Por si fuera poco, Mendoza concita a su alrededor una rara, por infrecuente, unanimidad. Al favor (y fervor) del público se suma el aplauso de la crítica. Además, es apreciado y admirado por sus colegas, lo que dada la proliferación, en mundillo literario, de envidias, egos, banderías y sociedades de bombos mutuos, es un dato muy a tener en cuenta.
No es el momento de hacer aquí una valoración de la obra mendocina, pero sí me gustaría resaltar algunas de sus cualidades que considero esenciales. Es ya un tópico afirmar que La verdad sobre el caso Savolta inaugura una nueva etapa en la narrativa española. Se trata, creo, de un tópico fundamentado, pues dicha obra supuso en su momento un revulsivo, una bocanada de aire fresco y renovado en medio del adocenado panorama novelístico, presidido por los epígonos del realismo social por un lado, y por pedantescos experimentalismos por otro. Visto desde la perspectiva que confiere el tiempo, puede decirse que aquella su primera novela, y las que ha ido sacando después, constituyen uno de los corpus novelísticos más sólidos, coherentes y atractivos de las tres últimas décadas. Partiendo de la mejor tradición literaria –la que va, por ejemplo, de Cervantes a Baroja- ha procurado Mendoza en todo momento renovar la novela sin falsearla o forzarla. Como dice Llàtzer Moix en el citado libro, lo ha hecho “sin ofender al lector exigente ni discriminar al popular”. Para conseguir esto y, una vez conseguido, mantenerlo, se necesitan unas innegables habilidades técnicas, pero sobre todo mucho sentido común y una especial sabiduría a la hora de administrar dichas habilidades. Sin olvidar un peculiar sentido del humor. En este sentido, Mendoza es un prestidigitador capaz de sacarse de la chistera pintorescos personajes en insólitas situaciones; un alquimista que sabe convertir su placer de narrador en una fiesta para el lector.
Mientras aguardamos ansiosos la aparición de su próxima novela, los que aquí nos hemos reunido podemos considerarnos afortunados, porque ahora vamos a tener la oportunidad de escuchar a nuestro admirado Eduardo Mendoza sus personales reflexiones sobre la lectura; y doy por seguro que con su charla nos deleitará, como siempre lo ha venido haciendo.
Muchas gracias.

(Presentación de la conferencia "Reflexiones sobre la lectura", porEduardo Mendoza. Aula Magna de la Universidad de Oviedo, 23 de enerode 2007)

Comentarios

Entradas populares

Un milagro de san Salvador de Horta

"Dos casados vizcaínos traxeron desde aquel reino a Horta una hija, que era sorda y muda de nacimiento; y poniéndola a los pies del venerable Fray Salvador, les dixo que estuviesen ocho días en la Iglesia orando a Nuestra Señora, y que después hablaría la muchacha. Pasados quatro días habló, pero en lengua catalana, conformándose con el idioma del territorio en que estaba. Entonces viendo hablar a la muda gritaron todos: Milagro , milagro . Pero sus padres como no entendían aquella lengua estaban descontentos, y levantando la voz decían que ellos no querían, ni pedían, que hablase su hija lengua catalana, sino vizcaína; y fueron a Fray Salvador, que le quitase la lengua catalana y le diese la vizcaína. Él les respondió: Vosotros proseguid la oración de los ocho días, que yo también continuaré la mía . Y cumplidos los ocho días, delante de los muchos que concurrieron a ver la novedad, dixo: Amigo, la Virgen Santísima quiere que la niña hable catalán mientras esté en el reino de Cat

Código de señales

Inmersos como estamos estos días en un clima espeso y desagrable de enfrentamientos, confrontaciones y choques de trenes, sería deseable que las partes en conficto aceptaran unas mínimas normas de conducta a fin de evitar daños innecesarios al resto de ciudadanos. Podrían atenerse, por ejemplo, al antiguo Reglamento de señales de la Red Nacional de los Ferrocarriles Españoles, publicado en 1949 en 1948 y que constituye un modelo de claridad y precisión.  Según dicho reglamento, lo primero y principal (Capítulo Primero, "Generalidades") consiste en que: Todos los agentes, cualquiera que sea su categoría, deben obediencia absoluta e inmediata a las señales.    Lo segundo, también de obligado cumplimiento, es la "marcha a la vista": La "marcha a la vista" impone al Maquinista la obligación de ir observando la vía con la máxima atención y de regular la velocidad del manera que pueda detenerlo ante cualquier obstáculo o señal de alto . Entre las señales más imp

Casa de postas

  El día 1 de enero de 1868 los hermanos Goncourt escriben en su Diario :  ¡Vamos, un nuevo año... Todavía una casa de postas, según la expresión de Byron, donde los destinos cambian de caballos! Y a esta casa de postas hemos llegado físicamente agotados, anímicamente hartos, con las mascarillas puestas y el distanciamiento obligado. Sin podernos saludar o abrazar como es debido y con todas las dudas del mundo acerca de lo que nos deparará el futuro más inmediato. Por desgracia, no estamos todos. Faltan viajeros. Porque a lo largo del camino nos han dejado seres queridos, familiares, amigos, a los que siempre echaremos de menos. A ellos nuestro recuerdo emocionado.    Aún así, aquí estamos. A la espera de que lleguen los caballos de refresco. Dispuestos a emprender un nuevo trayecto e impacientes por abandonar este año infausto que ahora termina. Eso sí, aferrados con firmeza a una vaga esperanza y deseando, con más fuerza que nunca, que el nuevo año sea mucho mejor y más saludable.