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A propósito de Trilby (I)

De niño vi una película titulada Svengali. El protagonista, un individuo siniestro (interpretado por el genial Donald Wolfit), me aterrorizó. Por la noche tuve pesadillas. Años más tarde me enteré que Svengali era uno de los personajes de la novela Trilby, de George du Maurier. Ahora, la editorial Funambulista nos presenta una traducción íntegra de la misma.
Cuando la novela se publicó en 1894 fue todo un éxito. En Gran Bretaña se vendieron ochenta mil ejemplares en los primeros tres meses; en Estados Unidos, doscientos mil. Incluso surgió un merchandising: muñecas Trilby, zapatos Trilby, sombreros Trilby... ¿A qué se debió el éxito de Trilby? Esta pregunta ya se la hicieron en su día críticos y escritores, y cualquiera que sea la respuesta es seguro que no se debe exclusivamente a sus méritos literarios. Como dice Donald Sasson en Cultura. Patrimonio común de los europeos, su éxito dependió en gran medida de la llamada "situación literaria". "Ciertas coyunturas -dice Sasson- resultan más favorables para unos libros que para otros. Los escritores saben esto perfectamente bien. Una novela de éxito puede hacer que salgan miles de imitaciones, algunas de ellas mejores que el original. Desde luego, la capacidad de adivinar anticipadamente cuál pueda llegar a ser la futura coyuntura literaria exige una notable habilidad -que los editores y los agentes literarios afirman poseer- . El talento de los autores no es insignificante, ya que han de hacer frente a una considerable competencia. Es posible que Trilby no figure en las primeras posiciones de los anales de la literatura, pero se consideraba, con visos de verosimilitud, que era una novela más leída que la mayoría de sus competidoras".
Daphne du Maurier evocó, en un artículo incluído en The Rebecca Notebook And Other Memories (1981), a su abuelo: "Era un hombre de gustos muy sencillos. Amaba el hogar. No sentía deseos de viajar, excepto a Francia, o al puerto pescador de Whitby, en Yokshire, y cuando sus novelas le hicieron famoso se sintió incómodo con la fama (...) George du Maurier no vio necesidad de cambiar su modo de vida porque recibiera cientos de cartas cada semana de gente desconocida. Se sonreía, pensaba en lo peculiar de la situación y se iba a dar un largo paseo por Hampstead Heath: y cuando regresaba liaba un cigarrillo y se iba a su estudio, y seguía dibujando, o escribiendo, con el continuo ruido en torno a él de su familia o sus amigos".

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Cuando se apaga la luz

"Ningún hombre es listo cuando una mujer apaga la luz".

(Barry Sullivan en Mujer inteligente, 1948, de Edward A. Blatt. Guion de Alvah Bessie y otros).

Diálogo entre un tirano y un poeta en torno a la literatura

-Bueno, a ver, ¿qué haces?
-Perdona, Schiavón, estaba pensando en voz alta.
-No, si por mí, puedes seguir.
-Le daba vueltas a la retórica.
-¿...?
-Es que yo entiendo que la literatura -y creo que todo es literatura- se nutre de tres componentes que, por orden de importancia, son: la retórica, la sensibilidad y la inteligencia.
-Desmenuza, por favor.
-Entiendo por retórica el dominio del lenguaje; por sensibiliodad, la capacidad de sorprenderse y fabular; por inteligencia el saber ordenar lo escrito.
-Arnaldo..., me da la sensación de que todos los que habláis de literatura decís excactamente lo mismo.
-Siempre se dice lo mismo.
-Entonces, ¿por qué estamos perdiendo el tiempo?
-Tú no ganas ni pierdes el tiempo.
-Bueno, era una forma de expresarme.
-Exactamente..., como todo. La literatura es el catálogo de las formas de expresarse.
-Luego... ¿todas las obras dicen lo mismo?
-Se diferencian en el número de palabras que necesitan para decirlo y en el orden que se establece entre ellas.

Incierta Fritillaria

La historia de la Fritillaria en Gran Bretaña es igualmnente incierta. Es seguro que se cultivaba allí en 1597, y posiblemente hacia 1578 (en realidad los nombrs de esta planta no se fijaron tan pronto, y a veces no está claro de qué planta se habla). Por otro lado, el primer registro de la planta en el mundo natural data de 1736, y hasta eso es anómalo, nadie afirma haber vuelto a verla hasta 1776, una fecha muy tardía para una nativa británica auténtica, sobre todo para una tan llamativa, inconfundible y atractiva. En otras palabras, quien considere nativa la Fritillaria deberá reconocer que las distintas generaciones de botánicos de los siglos XVII y XVIII se pusieron de acuerdo para no mencionarla en absoluto, una confabuilación solo comparable a la de la NASA cuando simuló los aterrizajes de estadounidenses en la Luna, supuestamente en los días que les quedaban libres en la tarea de vigilar los artefactos alienígenas de Roswell.

(Ken Thompson, ¿De dónde son los camellos? Creencia…