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Limnología literaria

La literatura es como un inmenso lago con muchos tributarios. Hay grandes y caudalosos ríos, como Balzac o Tolstói; pero también pequeños e intermitentes arroyos, como un servidor. Cada uno contribuye con sus aguas en la medida de sus posibilidades. Por sí solo ninguno es suficiente, pero juntos devienen necesarios. Hay épocas de copiosas precipitaciones en las que el lago, gracias a las grandes avenidas, parece que vaya a desbordarse; y otras de pertinaces sequías en las que la escorrentía es mínima y el lago corre peligro de secarse. De la materia aportada por los diferentes tributarios, la mayor parte se evapora enseguida; otra se deposita en el fondo al cabo de cierto tiempo; y sólo una muy pequeña parte se mezcla con las aguas pemanentes. Pero lo que cuenta es el lago. Alimentar el lago. Para que la pesca en él siga siendo rica y variada.

Comentarios

  1. Y pasando de la limnología al ciclo hidrológico: ¿no serían las bitácoras como la lluvia, agua evaporada de esa gran laguna, que vuelve a la tierra en formas diversas: nieve u orbayu en el mejor de los casos, chaparrón o granizo, cuando se precipita con peligro?

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  2. O por seguir con la analogía, que quizá hubiera agradado a Margalef: buena parte de las aportaciones producen una eutrofización del lago. Sólo una pequeña parte se digiere como algo necesario.

    Y una nota: me llama la atención la continuidad de este "apunte" y el anterior sobre los malos poetas. ¿Acaso ellos no aportan también a las aguas del lago, aun contaminándolas?

    Saludos

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  3. Todo sirve, evidentemente. Lo malo es cuando el lago se convierte en un pantano...

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