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Estrena

En estos primeros días de enero, los romanos se visitaban y se hacían regalos como muestra de amistad. Joaquín Bastús, en su Memorandum anual y perpetuo (Barcelona, 1855), afirma que "los regalos llamados estrenas o aguinaldos son restos de aquellas costumbres cuyo origen se remonta al tiempo de Tacio rey de los sabinos". A últimos del siglo IV Paciano, obispo de Barcelona, escribió un libro reprobando la costumbre de sus diocesanos de celebrar el primer día del año la hennula cervula, la fiesta del ciervo. Aunque este libro acabó extraviándose, Bastús nos aclara que las exhortaciones de San Paciano dieron escaso resultado, ya que sus feligreses continuaron zascandileando por la ciudad de Barcelona y campos vecinos, disfrazados de salvajes y engolfados en torpes desenfrenos. "Último resto de aquellos desórdenes -sigue Bastús- es la algazara con que recorren nuestras calles, en los primeros días del año, una porción de jóvenes perdidos, atronando los oídos de las gentes con sus alaridos y con el destemplado son de cuernos y otros instrumentos no menos desapacibles."
Los tiempos cambian, las costumbres no tanto.

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Escribir o no escribir

Por lo tanto, escribir que se querría escribir, ya es escribir. Escribir que no se puede escribir, también es escribir. Una manera como cualquier otra de llevar a cabo el vuelco que da pie a tantos propósitos audaces: hacer de lo periférico el centro, de lo accesorio lo esencial y de la arenilla la piedra angular. Sabía por lo tanto lo que tenía que hacer: dar una especie de golpe de mano mediante el cual había que conseguir otorgar una existencia ficticia a unos libros que no existen realmente y, gracias a ello, conferir una existencia real al libro que trata de esos libros ficticios. Un proceder en suma que se asemeja al que conduce al cogito cartesiano: en el momento preciso de dar fe de mi ineptitud para la escritura me descubría a mí mismo escritor, y de la ausencia de mis obras fallidas se nutriría éste. Hermoso ejemplo de esa estrategia del quien-pierde-gana, de esa proeza dialéctica que convierte una acumulación de fracasos en un camino hacia el éxito. ¡No será que no nos han…

Luciérnagas en la noche

Eric Chapman contempló la esfera de su reloj de pulsera.
Se incorporó paseando por el amplio despacho. Se aproximó al ventanal. Desde allí se apreciaba una panorámica de la ciudad de Los Ángeles. Era como un gigante devorado por luciérnagas. Los destelleantes luminosos de neón dominaban la oscuridad de la noche.

(Adam Surray, El caso del cadáver secuestrado. Editorial Bruguera, 1982).

Políticos mejores y peores

P. ¿Queres decir que toda política es un juego sucio y que se la debería dejar en manos de los sinvergüenzas? ¿Te unes a la banda de los que dicen que el mundo sólo de salvará por un cambio del corazón? ¿Es eso?

R. No. Sólo digo que hoy los políticos dependen del apoyo de las masas, y que en consecuencia son representativos del hombre medio de su país y de su tiempo, a veces un poco mejores, a veces algo peores. Si fueran mucho mejores o mucho peores, no tendrían éxito, porque jamás serían aceptados por las masas (...) Esto significa que si estás muy por encima de la media en comprensión y sensibilidad, es probable que no seas capaz de hacer mucho políticamente, en el sentido estricto de la palabra, porque no tardarás en verte obligado a hacer cosas en las que realmente no crees, lo que significa que en la práctica fallarás, pues es imposible hacer bien algo si no se cree totalmente en lo que se está haciendo...

(W. H. Auden, El prolífico y el devorador. Traducción de Horacio Vázquez…