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Críticas adversas

Hace años, cuando alguna de mis novelas recibía una crítica adversa, buscaba consuelo pensando en las críticas que en su día recibieron obras que hoy nos parecen maestras. Mi lenitivo favorito en estos casos era la lectura al azar de Rotten Reviews, de Bill Henderson. Allí uno podía encontrar un buen recetario de pésimas críticas a excelentes escritores. Verbigracia: La escasa imaginación de Balzac en cuanto a invención, creación de caracteres y argumentos, según Eugene Poitou. El vaticinio de James Lorimer de que Cumbres borrascosas nunca sería mayoritariamente leída. El escepticismo del Saturday Review respecto a la permanencia de la reputación de Dickens. Le Figaro sentenciando que Flaubert no era escritor. Clifton Fadiman reconociendo el talento notable, aunque menor, de William Faulkner...
Claro que yo sabía que esto era autoengañarse. Las comparaciones, incluso entre malas críticas, son odiosas. Siempre estaremos a la sombra de los gigantes. Pero no hay que alarmarse. Tampoco es mala cosa estar a la sombra; todo depende del acomodo que uno se busque. A la sombra no se está mal.

P.S. Si hay algo peor que la invectiva de un crítico a un escritor es la invectiva de un escritor a otro colega. Puro canibalismo. (Véase Escritores contra escritores, de Albert Angelo, recién aparecido).

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Entradas populares

Un poema de Iglesias Díez

FINAL

Cuando el amor solo sea
un haz de quebradas luces,
entre tus dedos seguiré siendo
ceniza de Luna.

(Carlos Iglesias Díez, Pájaro herido. Bajamar Editores, 2018).

Nadie acaba como empieza

Harold J. Stone: Recuerda que las personas cambian.
Don Murray: ¿Por qué?
Harold J. Stone: Los hombres, las mujeres, los juegos de cartas, los amigos en quien confías... Todos. Nadie acaba como empieza.

(Duelo en el barro, 1959, de Richard Fleischer. Guion de Alfred Hayes y A. B. Guthrie).

Un poema de Pizarnik

OJOS PRIMITIVOS

     En donde el miedo no cuenta cuentos y poemas, no forma figuras de terror y de gloria.

     Vacío gris es mi nombre, mi pronombre.

     Conozco la gama de los miedos y ese comenzar a cantar despacito en el desfiladero que reconduce hacia mi desconocida que soy, mi emigrante de sí.

     Escribo contra el miedo. Contra el viento con garras que se aloja en mi respiración.

     Y cuando por la mañana temes encontrarte muerta (y que no haya más imágenes): el silencio de la comprensión, el silencio del mero estar, en esto se van los años, en esto se fue la bella alegría animal.

(Alejandra Pizarnik, Nombres y figuras, Picazo, Barcelona, 1969).