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Corrientes subterráneas

La semana pasada Luis Antonio de Villena reseñaba en Babelia un libro de Marcel Jouhandeau. Ahora, leyendo el último -y recomendable- dietario de José Carlos Llop, La escafandra, me encuentro con una glosa a la muerte de José Cabanis.
Curioso. Ambos autores -Jouhandeau y Cabanis-, prácticamente desconocidos e inéditos en España, fueron recordados en los inicios de este blog. Parece que hay corrientes subterráneas de extraños cursos e imprevisibles surgencias.

Adenda: Una de las entradas del libro de Llop dice: "De todas las letras del abecedario, la que más me gusta es la Y que tienen algunas mujeres en el nacimiento de las nalgas". Sin duda se refiere a lo que en anatomía se llama "rombo de Michaelis". Y, precisamente, con este nombre tiene mi amigo y colega Juan Luis Martínez un delicioso relato en La caja blanda (KRK, 2004).

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Escribir o no escribir

Por lo tanto, escribir que se querría escribir, ya es escribir. Escribir que no se puede escribir, también es escribir. Una manera como cualquier otra de llevar a cabo el vuelco que da pie a tantos propósitos audaces: hacer de lo periférico el centro, de lo accesorio lo esencial y de la arenilla la piedra angular. Sabía por lo tanto lo que tenía que hacer: dar una especie de golpe de mano mediante el cual había que conseguir otorgar una existencia ficticia a unos libros que no existen realmente y, gracias a ello, conferir una existencia real al libro que trata de esos libros ficticios. Un proceder en suma que se asemeja al que conduce al cogito cartesiano: en el momento preciso de dar fe de mi ineptitud para la escritura me descubría a mí mismo escritor, y de la ausencia de mis obras fallidas se nutriría éste. Hermoso ejemplo de esa estrategia del quien-pierde-gana, de esa proeza dialéctica que convierte una acumulación de fracasos en un camino hacia el éxito. ¡No será que no nos han…

Número diabólico (y no es el 666)

He aquí el número diabólico: 142.857. Consiste en lo siguiente: multiplicado por 2 y por 3 las mismas cifras se producen en los dos productos. Veamos:

                                                            x 2 = 285.714
                                                            x 3 = 428.571

Multiplicado por 4, 5, 6 se obtendrán siempre las mismas cifras y siempre en el mismo orden. Sólo cambia la cifra de partida. Existe una excepción multiplicado por 7. Veamos:

                                        x 7 = 999.999 (seis veces la cifra nueve).

Este número diabólico multiplicado por 8, nos da siete cifras en lugar de seis. Total: 1.142.856, es decir que, sumando la primera y la última cifra de este producto, obtendremos aún las seis cifras del número diabólico. Continuando las multiplicaciones por 9, 10, 11, 12 y 13 y sumando la primera y la última cifra del producto, viene de nuevo a nuestros ojos el número diabólico. Llegado a 14 (dos veces siete) se obtiene: 1.999.998, es de…