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Vidas breves

William Harcourt.
Cuando el padre Harcourt padecía suplicio en Tyburne, y sus intestinos, etc. eran arrojados al fuego, un aprendiz de carnicero que estaba allí quiso tener un trozo de su riñón que estaba consumiéndose en el fuego. Se quemó mucho los dedos, pero lo consiguió; y un tal Roydon, cervecero en Southwark, se lo compró.
Lo prodigioso es que ahora el pedazo de riñón está totalmente petrificado. Pero no estaba tan duro cuando él lo obtuvo. De tanto llevarlo en el bolsillo se había endurecido en grado sumo, mejor que en el fuego, como una ágata pulida. Yo lo he visto. Él lo tenía en gran estima.

Madam Curtin.
Una buena fortuna de 3.000 libras, hija de Sir William Curtin, el gran mercader. Más tarde se casó con su lacayo, quien, poco después la golpeó, cogió su dinero, y huyó.

Thomas Cooper.
El Dr. Edward Davenant me contó que este instruido hombre tenía una arpía por mujer, la cual estaba tremendamente furiosa con él por culpa de que sentábase de noche hasta muy tarde compilando su Diccionario.
Cuando lo tenía medio hecho, ella entró una vez en su gabinete, tomó todos sus papeles, los arrojó al fuego y los quemó. Bueno, a todo esto, el buen hombre tenía un tan gran celo por el fomento del saber que lo empezó de nuevo, y lo hizo con tal perfección que nos ha dejado una obra de lo más útil. Más tarde fue nombrado obispo de Winton.

Eleanor Ratcliffe.
La condesa de Sussex, un gran y triste ejemplo del poder de la lujuria y su esclavitud. Era una gran belleza como nadie en Inglaterra, y tenía un buen ingenio. Después de la muerte de su Lord (era celoso) ella mandó a por un antiguo lacayo y le hizo valet de cámara. Él tenía la sífilis y ella lo sabía; era un condenado borrachín. No era muy apuesto, pero tenía una exquisita forma (hinc sagittae). Sus orificios nasales estaban tapados y rellenos con corchos en los que había cañones de plumas por los que respirar a su través. Hacia 1666 su condesa murió de la sífilis.

(Extraídas de Brief lives, de John Aubrey)

Comentarios

  1. Me encantan las vidas breves y las misceláneas de John Aubrey. Soy un fan de los "géneros chicos"...

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P. ¿Queres decir que toda política es un juego sucio y que se la debería dejar en manos de los sinvergüenzas? ¿Te unes a la banda de los que dicen que el mundo sólo de salvará por un cambio del corazón? ¿Es eso?

R. No. Sólo digo que hoy los políticos dependen del apoyo de las masas, y que en consecuencia son representativos del hombre medio de su país y de su tiempo, a veces un poco mejores, a veces algo peores. Si fueran mucho mejores o mucho peores, no tendrían éxito, porque jamás serían aceptados por las masas (...) Esto significa que si estás muy por encima de la media en comprensión y sensibilidad, es probable que no seas capaz de hacer mucho políticamente, en el sentido estricto de la palabra, porque no tardarás en verte obligado a hacer cosas en las que realmente no crees, lo que significa que en la práctica fallarás, pues es imposible hacer bien algo si no se cree totalmente en lo que se está haciendo...

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