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Esencias de Jaloux (I)

Essences, del novelista y crítico Edmond Jaloux (1878-1949), se publicó en Ginebra, en 1944. Se trata de un libro de aforismos, comentarios, relatos oníricos..., una especie de concentrado muy personal de un escritor que ve que su época ya no existe y su vida se acaba.
He aquí algunas muestras de sus reflexiones literarias:

"La literatura no tiene por objeto copiar la vida; ésta se basta a sí misma. Por el contrario, la literatura debe probar que la vida que llevamos no es la única, que comporta otras interpretaciones, otras perspectivas, otras posibilidades. El arte del escritor consiste en modificar ligeramente los usos y los sentidos de esta vida, al tiempo que se deja creer al lector que él no la ha abandonado".

"En Roma, cuando un niño iba a nacer, se invocaba a la diosa Prosa. Solo ella estaba en disposición de hacer venir al mundo y de dirigirle de tal manera que se condujese ágilmente. En el antiguo latín, prosa, en efecto, significaba lo que es recto. Así, el nombre de una divinidad sabia y tutelar ha servido para designar nuestra prosa, es decir, el pensamiento bien dirigido".

"Los cantos más desesperados son los cantos más bellos, dijo Alfred Musset. Es una mentira de poeta. Quien puede cantar, ya no desespera."

Del citado Musset cuenta Jaloux esta anécdota entre bella y pavorosa:

"Hacia el final de sus días, Alfred de Musset pidió a M. de Niewerkerke, como supremo favor, el permiso de visitar solo, de noche, las salas del Louvre, con una tea en la mano. Así pues, vagó por las galerías y pudo confrontar sus sueños y sus recuerdos con los cuadros de Tiziano, Giorgione, Palma el Viejo, Andrea del Sarto... buscando reencontrar, a la luz de la antorcha, en el semi-misterio de la sombra y de su imaginación, lo que en su juventud había entrevisto. Dos meses después, estaba muerto."

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Un poema de Pizarnik

OJOS PRIMITIVOS

     En donde el miedo no cuenta cuentos y poemas, no forma figuras de terror y de gloria.

     Vacío gris es mi nombre, mi pronombre.

     Conozco la gama de los miedos y ese comenzar a cantar despacito en el desfiladero que reconduce hacia mi desconocida que soy, mi emigrante de sí.

     Escribo contra el miedo. Contra el viento con garras que se aloja en mi respiración.

     Y cuando por la mañana temes encontrarte muerta (y que no haya más imágenes): el silencio de la comprensión, el silencio del mero estar, en esto se van los años, en esto se fue la bella alegría animal.

(Alejandra Pizarnik, Nombres y figuras, Picazo, Barcelona, 1969).

Nadie acaba como empieza

Harold J. Stone: Recuerda que las personas cambian.
Don Murray: ¿Por qué?
Harold J. Stone: Los hombres, las mujeres, los juegos de cartas, los amigos en quien confías... Todos. Nadie acaba como empieza.

(Duelo en el barro, 1959, de Richard Fleischer. Guion de Alfred Hayes y A. B. Guthrie).

Un poema de Iglesias Díez

FINAL

Cuando el amor solo sea
un haz de quebradas luces,
entre tus dedos seguiré siendo
ceniza de Luna.

(Carlos Iglesias Díez, Pájaro herido. Bajamar Editores, 2018).