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Lectura de Harold Nicolson (I)

Leo en Diaries and Letters 1945-1962 (1968), de Harold Nicolson, la siguiente entrada del diario correspondiente al 21 de noviembre de 1946:
"Soy consciente de que mis facultades físicas están decayendo. Me estoy volviendo ligeramente sordo. Intelectualmente no observo decadencia: puedo escribir con la misma facilidad, lo que tal vez es un defecto. No he notado que mi curiosidad, mis intereses o mi capacidad de disfrute y entretenimiento hayan menguado. Lo triste de llegar a los sesenta es que uno pierde todo sentido de la aventura (...) En literatura, la explicación es simple: aunque trabaje duro, no soy lo suficiente inteligente para escribir mejor de lo que lo hago."
No es necesario compartir en su totalidad el diagnóstico de Nicolson, pero lo cierto es que estas palabras se entienden mucho mejor cuando uno acaba de cumplir precisamente los sesenta años.

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Un poema de Pizarnik

OJOS PRIMITIVOS

     En donde el miedo no cuenta cuentos y poemas, no forma figuras de terror y de gloria.

     Vacío gris es mi nombre, mi pronombre.

     Conozco la gama de los miedos y ese comenzar a cantar despacito en el desfiladero que reconduce hacia mi desconocida que soy, mi emigrante de sí.

     Escribo contra el miedo. Contra el viento con garras que se aloja en mi respiración.

     Y cuando por la mañana temes encontrarte muerta (y que no haya más imágenes): el silencio de la comprensión, el silencio del mero estar, en esto se van los años, en esto se fue la bella alegría animal.

(Alejandra Pizarnik, Nombres y figuras, Picazo, Barcelona, 1969).

Nadie acaba como empieza

Harold J. Stone: Recuerda que las personas cambian.
Don Murray: ¿Por qué?
Harold J. Stone: Los hombres, las mujeres, los juegos de cartas, los amigos en quien confías... Todos. Nadie acaba como empieza.

(Duelo en el barro, 1959, de Richard Fleischer. Guion de Alfred Hayes y A. B. Guthrie).

Un poema de Iglesias Díez

FINAL

Cuando el amor solo sea
un haz de quebradas luces,
entre tus dedos seguiré siendo
ceniza de Luna.

(Carlos Iglesias Díez, Pájaro herido. Bajamar Editores, 2018).